Ponemos a prueba el último integrante de la familia X. El BMW X2 se convierte en el modelo más llamativo, juvenil y exclusivo de toda la gama que, además, sorprende con una dinámica de conducción inigualable. Nosotros lo hemos probado en su versión diésel más potente.

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En 2019 se cumplirán 20 años del primer X de BMW. En 1999 la firma bávara, acostumbrada a desarrollar y comercializar principalmente berlinas y deportivos, se lanzó de lleno a un terreno inexplorado, el de los todocaminos. El X5 fue el encargado de estrenar dicha categoría logrando así marcar un hito en la compañía.

Dos décadas después, los modelos X de BMW tienen un peso importantísimo dentro de la marca, algo que se refleja principalmente en sus ventas, ya que uno de cada tres vehículos que BMW vende a nivel mundial corresponde con esta sigla, llegando en estos 20 años a la increíble cifra de 5.400.000 millones de unidades. Unas ventas que, previsiblemente seguirán incrementándose en los próximos años gracias a las dos nuevas incorporaciones de este curso 2018. Una aparecerá a finales de año y se colocará de inmediato en lo más alto de la gama por prestigio y exclusividad: el X7. La otra surgió durante el primer trimestre y es, precisamente, la que protagoniza estas líneas.

El par de acceso

Nos referimos al BMW X2, o lo que es lo mismo, la variante más deportiva y musculada del X1. Un modelo que faltaba en el catálogo de BMW ya que gracias a sus 4,36 metros de largo se coloca como el X más pequeño de toda la gama, por lo que entra de lleno en un segmento cada vez más disputado, donde ya se encuentran rivales de la talla del Audi Q3 (el cual acaba de presentar su segunda generación), Land Rover Range Rover Evoque, MINI Countryman y que en los últimos meses se ha ido ampliando con la llegada de nuevos actores como el Volvo XC40 y Jaguar E-PACE.

No obstante, este X2 cuenta con una filosofía estética diferente al resto de modelos X pares de la marca. Y es que pese a derivar directamente del comentado X1, los diseñadores alemanes no han querido realizar una carrocería con marcado tinte cupé, como sucede con los X4 y X6, que ‘deportivizan’ los X3 y X5, respectivamente, sino que parece un cruce entre un turismo y un SUV… es decir, lo que comúnmente se llama crossover.

Toques históricos

Poco hay en el BMW X2 que no atraiga. Desde un frontal robusto con unos riñones anchos y unos faros delanteros grandes y con ligera caída que le otorgan un aire de ‘enfado, hasta una zaga voluminosa, con un líneas muy marcadas y una clara tendencia deportiva. No obstante, lo que más llama la atención es si vista lateral. Como decimos, su airé cupé no llega a ser tan marcado como en sus dos hermanos mayores, pero ello no impide que el X2 presente cierta caída del techo para la cual, se combina a la perfección con una cintura que va claramente en línea ascendente.

Para generar ese aspecto aventurero, el X2 también echa mano de las protecciones en negro para parte inferior de la carrocería. No obstante, su diseño en el modelo bávaro es ligeramente distinto al de competidores, siendo más ancha en su línea lateral a excepción de los pasos de rueda (cuadrados por cierto), desapareciendo en el frontal, con una parte central del paragolpes pintado en el mismo color de la carrocería, y colocándose en un plano superior en la zaga, justo por encima del difusor.

Ahora bien, de todos los detalles estéticos que definen al BMW X2, hay uno que realmente llama la atención: el logo situado justo en el pilar C. Una solución que no es nueva en la marca, pero que, precisamente por eso, nos encanta. Con ella, el SUV compacto bávaro rinde su particular homenaje a los sus cupés deportivos de los años 60 y 70, tales como el 2000 CS o el 3.0 CSL.

Interior conocido

La sorpresa y vistosidad que desprende su exterior quizá se ve algo diluida en el habitáculo. No porque el BMW X2 sea espartano o esté mal realizado, todo lo contrario, sino porque su diseño nos recuerda muy mucho al del X1. Ahora bien, para separarse de su hermano mayor, nuestro protagonista recurre a materiales y molduras más juveniles… que nuestra unidad no montaba.

En nuestro caso, el BMW X2 que analizamos aquí, poco o nada se diferencia del X1 del que deriva. Circunstancia que, como decimos, lejos de ser una desventaja es una virtud, pues su hermano ya destaca por una elevada calidad que se extrapola a nuestra unidad. Tapizado de cuero Dakota (exclusivo para este modelo), molduras en madera o unos asientos extremadamente confortables se encargan de dar la bienvenida a sus dos ocupantes. Cabe destacar la ergonomía del puesto de conducción, con una consola central orientada hacia el conductor (mucho más que en el X1) que está presidida por una pantalla táctil de 8,8 pulgadas con una excelente resolución y con un manejo sencillamente exquisito. Pantalla que, opcionalmente, puede complementarse con un cuadro de relojes digital (nuestra unidad no lo montaba) y con un Head-up display a color.

Más amplio de lo que parece

Eso sí, dada su reducción en las dimensiones exteriores, la sensación general dentro del BMW X2 es la de ir algo más apretados. Hecho que se confirma en una zona trasera más apta para dos ocupantes que para tres. Y es que los 133 cm de ancho a la altura de los hombros resultan ser bastante justos para tres personas de talla media. Todo lo contrario que el hueco destinado tanto para las rodillas como para la cabeza.

Aquí el X2 consigue sacar provecho de sus 2,67 metros de batalla (9 cm menos que un X1) para conseguir que una persona hasta de 1,85 metros viaje con bastante comodidad. Además contrariamente a lo que pueda parecer desde fuera, las ventanillas traseras aportan mucha luminosidad y la sensación de amplitud es incluso mayor que en el puesto de conducción. Todo ello se remata con unos asientos cómodos, anchos y envolventes que conseguirán que los ocupantes recorran largas distancias sin fatigarse en exceso.

Un poco más atrás, en el maletero, los 470 litros de capacidad son más que suficientes para que podamos meter nuestros enseres. Únicamente una boca de carga situada algo arriba (a 74 cm del suelo) dificultará el proceso, pero lo cierto es que dado su tamaño, en el X2 cabe absolutamente de todo. Este dato ya incluye un doble fondo muy útil (con 18 cm de altura y 90 de ancho) en el que varias mochilas quedarán fuera del alcance de los más curiosos. En caso de que necesitemos más espacio, la segunda fila se abate completamente, en proporción 40:20:40 dejando un piso plano y aumentando el volumen hasta los 1.355 litros.

Mejor por asfalto

Dado que comparte plataforma y estructura con el X1 (y con el MINI Countryman), este BMW X2 pertenece a la nueva ‘hornada’ de BMW, aquella con motor delantero y tracción delantera. No obstante, dado su alma aventurera, el crossover alemán también puede montar el eficaz sistema de tracción total xDrive, tal y como ocurría en nuestra unidad.

Un sistema que solo está disponible en los motores diésel. Por ello, para esta prueba y dado que hace gala de un carácter deportivo, nosotros optamos por elegir el propulsor más potente de dicha gama, el 20d de 190 CV. Un motor de sobra conocido que, según la marca, ha sufrido una ligera evolución para mejorar su eficiencia y, sobre todo, reducir su aspereza. No obstante, pese a todo, el bloque de 2.0 litros se sigue notando demasiado tanto si no ha cogido temperatura como en aceleraciones más acusadas.

Ahora bien, de lo que no ofrece duda es de su excepcional rendimiento en cualquier régimen de actuación. A ello contribuyen también los 400 Nm de par máximo, disponibles entre las 1.750 y las 2.500 rpm, y sobre todo el excelente trabajo realizado por la caja de cambios automática Steptronic de ocho relaciones. Una transmisión rápida y precisa que, por 177 € puede añadir las levas situadas tras el volante.

Una opción barata y recomendable si eres del tipo de conductor que le gusta tomar las riendas. Cualidad que este BMW X2 te sabrá recompensar desde el primer minuto que inicies la marcha. Y es que el crossover bávaro nos ha sorprendido muchísimo en lo que a dinámica de conducción se refiere. Basta con enlazar la primera sucesión de curvas para confirmar que hemos encontrado esa deportividad que buscaban los ingenieros alemanes en su fabricación.

Frente al dócil X1, el X2 se muestra casi más como un compacto que como un todocamino. Para conseguirlo, se torna como indispensable gastarse los 591 € que cuesta la suspensión adaptativa que permite variar el grado de dureza de los amortiguadores y convertirlo en un auténtico traza curvas en el instante en el que seleccionemos el modo Sport. El tacto de la dirección es simplemente sensacional al transmitir toda la información solicitada, mientras que el chasis tiene un perfecto ajuste que, unido a la comentada suspensión, evita que aparezca cualquier rastro de balanceo… a no ser que circulemos en modo Comfort, donde sí notaremos más deriva. El único pero lo encontramos en unos frenos con poca resistencia a la fatiga y con clara tendencia a calentarse algo más de la cuenta.

Si buscas realizar consumos, también existe el programa ECO PRO, con el que el BMW X2 pierde algo de fuelle y ‘chicha’ en favor de un manejo más tranquilo. Con él activado, es fácil conseguir cifras cercanas a los 5,8 l/100 km, aunque en conducción normal el dato no bajará de los 6,5 l/100 km (homologa 4,7 litros). Por último, si queremos sazonar con picante nuestro día y realizar una conducción puramente deportiva, veremos que el dato se acerca más a los 9 litros.

En lo que a conducción off road se refiere, este X2 quizá sea el menos X de todos… o al menos la versión que nosotros probamos. Pese a los 18,2 cm de altura libre al suelo que cataloga, todo lo que sea salir de un tramo de tierra bien aplanado le acabará costando. Eso sí, en dichas zonas, la tracción total xDrive seguirá haciendo de las suyas permitiéndonos controlar un vehículo que, en otros modelos, iría ya descontrolado.

Prepara el talonario

No sabemos si es la visión que le ha querido dar BMW, pero cuando uno coge el listado de precios y ve que nuestro X2 xDrive 20d parte de los 42.750 €, lo primero que pensamos es que la firma bávara le ha querido encuadrar como un vehículo exclusivo, ya que en comparación con el X1 de igual potencia y tracción estamos pagando 2.000 € más. No obstante, la puntilla y la confirmación absoluta llega cuando echamos mano del listado de opcionales y vemos que el X2 que protagoniza estas líneas, estamos desembolsando nada menos que 19.250 €. Una cuantía que se desglosa en un sinfín de elementos de equipamiento que, incluso puede ser mayor en función del nivel de acabado que elijamos (nuestra unidad iba asociada al Advantage, aunque también están disponibles el Impulse, el M Sport y el M Sport X).

Sea como fuere, el BMW X2 no solo ha llegado para cubrir un hueco vacío en la firma bávara, sino que de paso ha conseguido crear una nueva imagen, más juvenil y exclusiva, a sus modelos X.

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