Convertir el lujo en deportividad no es una tarea fácil… salvo para el Audi A7 Sportback de segunda generación. Nosotros lo hemos probado en su versión de gasolina 55 TFSI. 

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A la hora de ‘ponerse’ guapo, hay quien se las trae y se las desea para conseguir encontrar el conjunto que le quede perfecto, y por contra hay quien no necesita más que ‘dos trapillos’ para destilar elegancia. Y es que tener percha es una cualidad que no está presente ni en todas las personas, ni en todos los coches. Si bien Walter da Silva sigue afirmando que su creación más bella ha sido el Audi A5 Sportback, nosotros tenemos que contradecir al gurú italiano afirmando que su trazado más espectacular corresponde con el protagonista de estas líneas: el Audi A7 Sportback.

Un modelo que nació en 2009 con el objetivo, primero, de rivalizar directamente con el Mercedes-Benz CLS y, segundo, para satisfacer las necesidades de esos clientes pudientes que buscaban una berlina de representación con ciertos matices deportivos. Vamos, para los que un A8 les parecía demasiado sobrio y un A5 Sporback demasiado ‘convencional’. Pues bien, tras casi una década vigente (con alguna actualización de por medio), y con el éxito que supone haber conquistado el corazón de un amplio número de clientes, la firma de los cuatro aros presentó a principios de este año su segunda generación.

Elegancia innata

Una segunda entrega del A7 Sportback que es, precisamente, la que protagoniza estas líneas y que sin parecer que ha cambiado demasiado, sí nos ofrece un conjunto totalmente nuevo. Ataviado con una elegante carrocería en gris Vesubio metalizado, la berlina Ingolstadt ha deportivizado un punto más su silueta.

En comparación con el A8 del que parte, el A7 Sportback ofrece una parrilla Singleframe delantera más ancha y baja, con unas entradas de aire más prominentes y una firma lumínica diurna ligeramente diferente. Hablando de luces, los grupos ópticos principales pueden ser láser como en el buque insignia, añadiendo en la zaga una tira LED con animación de entrada y de salida.

Zona, la trasera, a la que se llega mediante una línea lateral que es la que marca, realmente, su toque rácing. Los diseñadores germanos han estilizado aún más la caída del techo y han resaltado la línea de cintura, dejando así unos pasos de rueda marcados. Una vez llegamos a la parte final de los 4,97 metros de longitud que marca dicha cota, entendemos ahora por qué Audi asegura que sus dibujantes se han inspirado en los yates para componerlo.

Más allá de los mencionados pilotos LED de 13 segmentos, llama la atención lo bien integradas que están las líneas, estrechándose de forma más gradual que en la anterior generación. La guinda la pone un spoiler trasero retráctil que se activa automáticamente a 120 km/h (también se puede desplegar manualmente) o el siempre práctico portón trasero.

Espacio futurista

De puertas para dentro, el A7 Sportback conseguirá dejarle con la boca abierta si es la primera vez que contempla un Audi de última generación. Pero si ya se ha pasado por elhedonista.es y ha disfrutado de la prueba del A8, verá que el habitáculo es prácticamente un calco.

Esto, lejos de parecer una crítica, es una virtud. Porque el A7 Sportback consigue llegar a esos estándares de calidad impuestos por las berlinas de alto standing. Por tanto, el A7 Sportback se consigue colocar un escalón por encima del resto de sus competidores en lo que a calidad percibida se refiere. Del exquisito conjunto, con terminaciones perfectas y materiales de primer nivel (como los tres tipos de cuero disponibles o el aluminio pulido), destacan sobre todo las dos pantalla táctiles que presiden la consola central. La superior, de 10,1 pulgadas engloba todas las funciones del vehículo: navegación, audio, telefonía… menos el climatizador. Éste queda reservado para la inferior de 8,6 pulgadas.

Muchos podrían pensar que el haber eliminado todo rastro de comando analógico es contraproducente a la hora de ponerse a rodar, pero Audi lo ha paliado incluyendo una función capacitiva. Esta emiten cierta vibración al tocarlas (como ocurre por ejemplo en los iPhone de Apple), convirtiéndolas en dos monitores especialmente intuitivos. Además, la inferior se puede transformar en un panel de escritura (pensado para la navegación) que reconoce todas las caligrafías y formas de trazo (separado, junto, superpuesto…).

Un ambiente ‘techie’ que tiene continuidad en el ya característico cuadro de instrumentos digital Audi virtual cockpit de 12,3 pulgadas, en un evolucionado Head-up display con más información y mejor visualización, o en el siempre eficaz sistema de sonido Bang&Olufsen 3D que convertirá el habitáculo en una auténtica sala de conciertos. Todo ello sin olvidar los puntos de acceso WiFi, el cargador inalámbrico para móviles e incluso los comandos táctiles relacionados con las luces.

Amplio, sin lugar a dudas

Si nos centramos en la habitabilidad, quien busca un A7 Sportback sabe que no va a gozar del mismo espacio que en un A8… pero por poco. Los 2,93 metros de batalla suponen 1,2 cm más que su predecesor, quedándose a 68 mm de su hermano. Esto le permite ofrecer una zona trasera perfecta para acomodar a adultos de 1,85 metros, ya que por encima de dicha altura, su coronilla comenzará a tocar con el techo.

Y aunque dicha zona esté homologada  para tres pasajeros, lo más recomendable es que viajen dos, primero, para ahorrarnos los 365 € que cuesta añadir la plaza central y, segundo, porque quien la ocupe deberá hacerlo durante un breve periodo de tiempo ya que no gozará de las mismas comodidades que los ocupantes exteriores.

Porque además de tener climatización independiente, estos dos pasajeros irán sentados en los que, probablemente y con el permiso de los butacones del A8, sean los asientos más confortables de la categoría. Su mullido es simplemente excepcional y la sujeción corporal, intachable. Vamos, que quien piense que el A7 Sportback solo se disfruta tras el volante, está muy equivocado.

Por último, el maletero no ha variado su capacidad, 530 litros, aunque sí se ha aumentado la superficie de carga ligeramente. La calidad de terminación es elevadísima, como en todo el conjunto, y se le suma el punto práctico otorgado por los raíles, los ganchos o las redes de sujeción.

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Pensado para viajar

Una vez hemos desgranado casi todas sus funcionalidades (la totalidad nos daría para escribir casi otro Quijote), toca ponernos a los mandos. Bastan unos pocos kilómetros para darnos cuenta de que el A7 Sportback es un vehículo pensado para viajar. Su aislamiento, su calidad de rodadura y un tema de Leonard Cohen sonando a través de los altavoces nos sirven de guía. Bajo el capó, nuestra unidad equipa el único motor de gasolina disponible actualmente en la gama: el 55 TFSI quattro.

Para quienes aún no estén acostumbrados a la nueva nomenclatura de Audi, se trata del V6 turbo de 3.0 litros que genera 340 CV de potencia y 500 Nm cuando la aguja gira entre 1.370 y 4.500 rpm. Gracias a este potencial, basta rozar el acelerador para ver cómo los 4,97 metros de carrocería avanzan sin impedimentos. El encargado de gestionarlo es la caja de cambios automática Tiptronic de 8 relaciones que se mantiene rápida y suave, mientras que la tracción total quattro se postula como el compañero ideal de viaje: callado cuando no se le necesita y seguro cuando la situación se pone peliaguda.

Todo ello apoyado por una red eléctrica secundaria que combina una batería adicional de ion litio de 48 voltios y un alternador que hace las veces de motor de arranque. Este sistema, bautizado como Mild-Hybrid, no solo le permite optar a la etiqueta ECO de la DGT, sino que es capaz de acumular toda la energía proveniente de la frenada para, una vez soltamos el acelerador, apagar el motor por completo y circular así durante al menos 40 segundos, ahorrando nada menos que 0,7 l/100 km de consumo.

Durante la conducción cotidiana, son varios los momentos en los que notamos (porque la aguja del cuentarrevoluciones desciende rápidamente, no porque percibamos alguna vibración) cómo circulamos en este modo ‘a vela’ más sofisticado. Es indispensable llevar activo el programa Efficiency pero, como no hemos podido probar un A7 Sportback sin esta tecnología (todos lo llevan) no sabemos si esos 0,7 litros de ahorro son ciertos. Lo que sí podemos contarle es que conduciendo de manera normal, el gasto medio rondó los 9,5 l/100 km.

¿Curvas, por qué no?

Una cifra en la que también se incluyen los tramos en los que el programa Dynamic estaba encendido. Sí, porque pese a su corpulencia y peso (nuestra unidad databa 1.890 kilos), lo cierto es que el A7 Sportback nos ha sorprendido gratamente en conducción más deportiva. Como es obvio, no llega a ser tan ágil como un RS5 Coupé o un RS4 Avant (eso se lo dejamos al próximo RS7 Sportback), pero sí resulta más divertido de conducir que un A8.

Y eso que ambos ofrecen la misma tecnología: suspensión neumática, eje trasero direccional o dirección progresiva. Pero en el caso del A7 Sportback se añade un chasis mejor calibrado y el montaje de un diferencial deportivo trasero. Muchos de estos sistemas, como veremos, son de pago, pero vale la pena gastarse unos cuantos euros para tener una berlina muy divertida.

No vamos a negar que su territorio natural es la autopista, pero gracias al buen hacer de la suspensión  (incluso la de serie es excelente), de la dirección y, sobre todo, del eje trasero direccional, tenemos un conjunto perfecto para trazar curvas que no se despeina ni cruje ante un cambio de apoyo acusado.

Money, money, money

Como decía la canción de Abba, “debe de ser divertido estar en el mundo del hombre rico”. Pues bien, aunque el dinero no llama a la felicidad, sí puede acercarle un poco más a tener este A7 Sportback aparcado en el garaje de su casa. Porque Audi pide de entrada por esta versión 55 TFSI 81.520 €, tarifa que se incrementa hasta los 123.080 € si le ha gustado la unidad de nuestra prueba.

Con esos 41.560 € usted puede optar, bien por comprarse un A3 Sportback y un A1 ambos con el motor 1.0 TFSI de 116 y 95 CV, respectivamente, o por montar en su A7 Sportback extras tan interesantes como el color gris Vesubio metalizado (1.220 €), los asientos delanteros Comfort con memoria (3.055 €), función masaje (1.895 €) y calefactados (465 €), el sistema de sonido Bang&Olufsen Premium (940 €), el climatizador de cuatro zonas (975€), el cuero Valcona (1.355 €), las llantas de aleación de 20 pulgadas (1.895 €), el paquete exterior S line (2.200 €), el techo eléctrico de cristal (1.965 €), el paquete de asistentes City (1.405 €) y Tour (2.445 €), el paquete de iluminación ambiental (305 €), el sistema MMI Navegación Plus con MMI touch response (2.225 €), los faros HD Matrix LED (2.065 €), el Head-up display (1.700 €), el diferencial trasero deportivo (1.830 €) o el eje trasero direccional (2.320 €), entre otros y sin olvidar que aún se pueden equipar otros muchos más.

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