Rivales históricos, las últimas generaciones de los Honda CR-V y Toyota RAV4 dejan a un lado sus aptitudes camperas para centrarse en la hibridación. Idénticos y a la vez distintos, aquí te analizamos cuál de las dos opciones es la mejor.

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Coetáneos en el tiempo, Honda CR-V y Toyota RAV4 siempre han rivalizado por ver cuál era el todocamino japonés más vendido. Las cifras son parejas pues hasta mediados de esta última década el primero era claro vencedor (durante años ostentó el título de SUV más vendido del mundo) hasta que el segundo recibió la tan demandad hibridación, colocándole como uno de los todocaminos de referencia actuales.

Esta misma senda fue tomada poco después por Honda, brindándonos la oportunidad de poder realizar esta comparativa y comprobar cuál de los dos sistemas es el más acertado. Ahora bien, antes de empezar una reflexión: si alguien llega a decirles hace 25 años que estaríamos enfrentándoles bajo estas circunstancias, muchos de sus clientes no solo habrían soltado una enorme carcajada, sino que nos hubieran tachado de locos.

Misma filosofía

Sin embargo los tiempos cambian y no solo en términos de propulsión, sino también de tamaño. Si hace un cuarto de siglo nos hubiera costado enfrentarlos por dimensiones, hoy los dos SUV nipones calcan prácticamente todas sus cotas: 4,60 metros de largo por 1,85 de alto y 1.689 mm de alto para el CR-V por 1.685 mm para el RAV4.

Sus envoltorios, en cambio, se separan ligeramente. Aunque ambos ofrecen un diseño anguloso y llamativo, el RAV4 se desmarca con una estética algo más deportiva (tanto en el frontal como en el techo bicolor) a un CR-V de tintes más familiares en el que sobresale el diseño vertical de sus grupos ópticos traseros. Como elemento de corte eficiente decir que el CR-V incorpora una rejilla activa que se abre o cierra en función de la demanda energética para mejorar el componente aerodinámico.

Más calidad para el Honda

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El habitáculo mantiene esas diferencias y semejanzas que nos complican la elección entre uno y otro. Si la decisión se toma por calidad percibida, tendríamos que decantarnos por el Honda, con un puesto de conducción más sólido y mejor rematado. Por espacio, el CR-V también gana la partida pues su zona trasera es bastante más amplia, tanto a la altura de las rodillas (con 5 cm más) como para la cabeza (por 2 cm). El acceso a las mismas también es más cómodo gracias a la apertura en 90º de sus puertas traseras.

El maletero, en cambio, va a parar al RAV4 y sus 580 litros que suponen 83 litros más que su rival. No obstante, las formas regulares de ambas y sobre todo una boca de carga situada cerca del suelo hacen que la lucha no sea tan desigual. Si computamos el espacio visual general del habitáculo, de nuevo el gato se lo lleva el CR-V, ya que al prescindir de un pomo de cambio tradicional e integrar la pantalla en el centro del salpicadero le otorga un impacto ocular más amplio.

Si nos ceñimos en el apartado técnico, hay un empate técnico, valga la redundancia. Los dos recurren a un cuadro de instrumentos con pantalla digital de 7 pulgadas en la que aglutinan toda la información. Monitor un tanto caótico en el CR-V dada sus múltiples pestañas y que en el caso del RAV4 se ve secundada por diales analógicos a ambos lados. En cuanto a la pantalla central, pocas diferencias más allá de su posición y que la del Toyota es de 8 pulgadas frente a la de 7 del Honda. Quizá los comandos analógicos del RAV4 le resten puntos en calidad, pero el funcionamiento de ambas es similar, sin llegar a ser un derroche de rapidez, sí responden con facilidad a nuestra interacción. Los dos integran sistemas de infoentretenimiento avanzados (Honda Connect y Toyota Touch 2) con navegación, información online y sincronización con Apple CarPlay o Android Auto.

En términos técnicos, cada todocamino aporta su granito de arena exclusivo para intentar atraer al cliente. En este sentido, Honda propone un Head-up display proyectado sobre membrana mientras que el RAV4 ha sido el primero en incorporar un retrovisor interior digital que sustituye la visión tradicional por la imagen captada por una cámara que nos da más ángulo de visión. Eso sí, para optar por uno o por otro hay que elegir los acabados más altos de gama.

Sin enchufes, pero muy dispares

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Llegamos quizá al punto más discordante de esta comparativa: sus sistemas híbridos. Cierto es que ambos lucen la etiqueta ECO en el parabrisas y que combinan un bloque de gasolina atmosférico con un sistema eléctrico, pero la manera en la que funcionan es radicalmente distinta.

Antes de entrar en el apartado técnico, la realidad es que el conductor se encontrará con dos todocaminos confortables y muy suaves de conducir, más aún cuando intervienen las mecánicas eléctricas. En lo que a consumo se refiere, los dos ofrecen valores prácticamente idénticos, con victoria moral para el RAV4 al cifrar 6,1 l/100 km, una décima menos que su compatriota. En cambio, la sensación obtenida es que lograr ese registro resulta más sencillo en el CR-V que en el Toyota.

Por prestaciones, de nuevo el RAV4 gana la batalla, al menos en lo que a aceleración de se refiere, logrando el 0 a 100 km/h en 8,4 segundos, ocho décimas menos que el CR-V. Gran parte de culpa la tiene el hecho de que el sistema HSD (Hybrid Sinergy Drive) genera de manera conjunta 218 CV en las versiones 4×2 como la nuestra (222 CV en las 4×4 al sumar un segundo motor eléctrico en el eje trasero), mientras que el Honda se queda en 184 CV independientemente de si es 4×2 o 4×4.

Otra diferencia la encontramos en la batería. Mientras que el RAV4 mantiene la de níquel-hidruro metálico con 1,6 kWh y que tan buenos resultados les ha reportado al Grupo, Honda opta por una más moderna de iones de litio de 1 kWh. Con dichas capacidades, hablar de autonomías eléctricas resulta hasta casi insultante, aunque dado que los dos ofrecen un botón para forzar el modo eléctrico, debemos decir que Toyota se posiciona ligeramente por delante al conseguir algo más de 3 kilómetros con una velocidad de 57 km/h.

Si bien, a velocidades de crucero, ambos pueden desconectar parcialmente el bloque de combustión y emplear tanto la inercia como los módulos eléctricos para impulsarnos. Eso sí, habrá que ser muy dócil con el pedal derecho para evitar que vuelva a aparecer el motor de gasolina.

Cuestión de cambio

Siguiendo con las diferencias que les separan pero al mismo tiempo les acercan, está la transmisión. Al igual que con la batería, Toyota sigue tozuda en el empleo de una caja CVT de tipo variador que aunque ha variado su gestión respecto a su predecesor, mantiene esa sensación de insuficiencia cuando demandamos fuertes aceleraciones. No por falta de fuerza sino por exceso de ruido sobre todo acorde al empuje final que proporciona.

En el caso del CR-V esta sensación no es que desaparezca, pero sí es bastante más comedida que en su rival. Como detalle, decir que la transmisión del Honda presenta una única velocidad, como si de un eléctrico se tratase, de ahí que prescinda de un pomo al uso.

Las levas tras el volante están disponibles en ambos, como elemento de serie en el acabado más alto del RAV4 y como estándar en el CR-V. Pero de nuevo su funcionamiento dista de ser igual. Mientras que en el Toyota simularía unas relaciones fijas, en el Honda sirven para aumentar o reducir el nivel de regeneración de la energía, ofreciendo cuatro niveles y sin que el más alto llegue a ofrecer la conducción one pedal feeling típica de los eléctricos. No obstante, ofrecerlo ya es un punto positivo y hacer uso de él permitirá incluso alargar la vida útil de las pastillas de freno.

Alma rutera

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Igulamente, Ambos cuentan con un selector de modos de conducción que contempla los programas Eco, Normal y Sport, a los que se suma el mencionado comando EV que fuerza el desplazamiento en modo eléctrico. El cambio entre los diferentes modos es acusado y lo notaremos principalmente si pasamos del Eco al Sport, con una falta de fuerza notable en el primero y una entrega más lineal de potencia en el segundo. Ahora bien, incluso aunque llevemos conectado el Sport la mayor parte del tiempo, no vayas a pensar que tienen una filosofía traza curvas, todo lo contrario.

Tanto RAV4 Hybrid como CR-V Hybrid están pensados para ‘rutear’, es decir, para devorar kilómetros. No son toscos en los movimientos, pero no se mueven con la soltura de un Corolla o un Civic, ni mucho menos, más si recordamos que estamos moviendo moles de casi 1.700 kilos de peso.

En ciudad, donde su alma híbrida cobra más sentido tampoco se sienten cómodos, principalmente por elevado tamaño, por lo que las vías rápidas son su lugar predilecto. Eso sí, como hemos visto para viajar con tranquilidad y siempre acompañados de un consumo muy contenido, cuyas cifras en este escenario se mueven en torno a los 6,6 l/100 km. Además, para garantizar la seguridad, están dotados de un buen puñado de ayudas a la conducción.

¿Y por campo?

Ya sabéis que siempre que analizamos un SUV nos planteamos esta duda. Pues bien, la respuesta con estos dos todocaminos híbridos es rápida, sencilla y corta: prefieren el asfalto. Situación que vuelve a ponernos en perspectiva de cómo han cambiado los patrones de aquí a hace 25 años, pues sus primeras generaciones, sobre todo la del RAV4, estaban más enfocadas para circular por zonas de pista que por asfalto… todo lo contrario que ahora.

Ambos ofrecen sistemas de tracción total, de hecho el CR-V Hybrid de esta comparativa iba dotad de dicho sistema, pero su enfoque está más puesto en salvar situaciones climatológicas adversas (incluyendo la nieve) que en sacarles a pasear por el campo.

Cada híbrido con sus cosas

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Todo lo anterior está muy bien, pero somos conscientes de que la elección final entre uno y otro irá determinada por el precio final y por lo que nos ofrezca cada uno en equipamiento. En este sentido, sus gamas arrancan en los 36.475 € en el caso del RAV4 Hybrid y de los 33.700 €, en el CR-V Hybrid, pero los equipamientos de sus respectivos acabados nos obligan a subir de nivel.

Si optamos por los acabados intermedios, como son el Advance Plus del Toyota o el Elegance del Honda, con tarifas que arrancan en los 36.100 € y 34.900 €, ya vemos cómo incorporan llantas de aleación de 18”, luces LED, climatizador, paquete de seguridad avanzado… Las diferencias residen en pequeños detalles, mientras que el CR-V suma lavafaros, luces de cortesía traseras, ajuste lumbar para el asiento del copiloto, radio digital o navegador; el RAV4 ofrece airbag de rodilla, alerta sonora para peatones, limitador de velocidad, apertura y cierre automáticos del portón trasero, lunas traseras sobretintadas, tapicería de cuero, barras de techo, red de sujeción en el maletero, cargador inductivo o rueda de repuesto de emergencia.

Si nos vamos al extremo más caro, en los que incluimos el sistema de tracción total, las tornas cambian y aquí el Honda se postula como la alternativa más cara, con un precio de 46.350 € frente a los 43.450 € del RAV4. Sea como fuere, la elección entre uno y otro resulta muy complicada pues ambos ofrecen un diseño atractivo, un interior muy habitable, una carga tecnológica abundante y, sobre todo, un grupo propulsor silencioso y ultra eficiente. De dar un ganador, sería al estilo ‘foto-finish’ y se lo daríamos al Honda CR-V Hybrid por dos detalles nimios como son el menor gasto registrado y la mayor habitabildiad trasera.

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