El nuevo modelo polivalente de Peugeort, el Rifter, se convierte en el perfecto compañero de viaje para descubrir la que es una de las zonas más bellas de la geografía española: Las Merindades. ¿Quieren conocerlos? Les invitamos, tenemos espacio de sobra.

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He de confesarlo. Reconozco que era un total y completo ignorante en lo que se refería  la zona de Las Merindades. Algo similar a lo que me ocurría con el segmento de las furgonetas compactas. Sin embargo, todo ha cambiado tras pasar un fin de semana por los alrededores a los mandos del nuevo Peugeot Rifter.

Al igual que los siglos y los movimientos geográficos cambiaron esta zona del norte de Burgos, la firma del león ha dado un giro de 180º a la filosofía de su modelo. De furgoneta a compacto o lo que sorprende más, de herramienta de trabajo a vehículo de ocio, ideal para familias jóvenes, con uno o dos niños a los que nos gusta (permítanme la auto referencia) echarnos a la carretera a descubrir parajes tan impresionantes y bellos como los que nos brindó esta comarca con su variado, contrastado y colorido paisaje.

Pozo sin fondo

Dada mi novicia en el arte de la paternidad, los preparativos para afrontar tal viaje fueron los típicos: exceso de equipaje y un par de bolsas de deporte llenas de ‘por si acasos’, de esos que uno no cree tener suficientes hasta que se percata de que también hay que meter el carrito, la trona y la cuna de viaje.

Miedos que tan pronto surgieron como rápido desaparecieron al acceder al enorme maletero del que hace gala el Rifter. Con un portón heredado de su anterior etapa trabajadora y del que sentiría incluso envidia el reino de Narnia, los 597 litros de maletero no solo se traducen en un espacio infinito, sino que gracias a sus formas, con 1,02 metros desde el piso hasta el cofre situado en el techo, nos permitirán incluso meter el carro sin plegarlo.

En este punto, a uno le empieza a convencer la idea de poner un Rifter en su vida y desechar los tradicionales monovolúmenes, un segmento, éste, que si ya flaqueaba a causa de los SUV (el 5008 se ha incluso reconvertido en un crossover), con la llegada de estos vehículos ultramodulares, su sentencia parece estar firmada definitivamente.

Extra de modularidad

Si el maletero sorprende, más lo hace su zona trasera. Porque en 1,85 metros de ancho, Peugeot ha conseguido incrustar tres asientos individuales y de semejantes dimensiones que son aptos no solo para dar cobijo a tres adultos sin problemas, sino incluso para colocar tres sillitas infantiles (en nuestro caso solo era necesaria una) gracias a que cada butaca cuenta con anclajes ISOFIX.

Pero eso no es todo, pues gracias de nuevo a otro elemento heredado de su etapa comercial, como es la puerta corredera deslizante (el culmen sería si fuese eléctrica). Gracias a ella, el acceso a la segunda fila es de matrícula, sin escorzos ni malas posturas, mientras que la colocación de un niño será ‘pan comido’. Y aunque eso parezca un punto final, ni mucho menos, es un punto y seguido.

La modularidad de este Rifter sigue en aumento, primero, si sumamos la posibilidad de incorporar una tercera fila de asientos que, quizá, tiene más sentido en la carrocería larga del modelo, con 4,75 metros de largo. A ello se suma un habitáculo inundado de huecos portaobjetos con cofres, compartimentos ocultos el suelo, una doble guantera delantera, un hondísimo túnel central o lo que Peugeot denomina techo Zenith con un carril pseudotransparente compartimentado.

En definitiva, si alguien está buscando al rey del espacio en un vehículo de compactas dimensiones, el Rifter lo reúne.

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Pensado para disfrutar

Con todo lo necesario colocado milimétricamente en este amplísimo ambiente, solo queda activar el modo ‘carretera y manta’. La primera parte del recorrido resulta monótona, ya que la A-1 nacional poco o nada tiene que aportar. Sin embargo, es el escenario perfecto para comprobar algunos de los asistentes a la conducción que monta el Rifter.

Control de velocidad de crucero, detector de ángulo muerto, lector de ángulo muerto o sistema activo por cambio involuntario de carril permiten que nuestro trayecto sea 100% seguro, protegiendo nuestras vidas y las de los que nos rodean.

Bajo el capó, el 1.5 BlueHDi de 130 CV se convierte en el perfecto aliado de viaje. No tanto por su rumorosidad, algo elevada, sino más bien por su respuesta desde bajas revoluciones o su cambio escalonado con el que consigue un consumo muy contenido, pues en carretera el dato no subió de 5,5 l/100 km.

Un bloque que también nos servirá para afrontar un tramo de montaña sin preocupación alguna. En este caso, el protagonismo fue a parar el de La Mazorra. Coronado por el Mirador Dobro, de Valdivieso o de San Andrés, merece la pena una pequeña parada para observar y disfrutar del paisaje del Valle de Validivielso, puerta de entrada a una zona que, con pocos kilómetros recorridos ya nos tiene ganados.

Son solo 6,1 kilómetros de puerto, pero su amplio desnivel y sus casi 15 curvas, algunas de ellas bien cerradas son el perfecto escenario para comprobar la filosofía rutera de este Rifter. Parte de culpa la tiene el estar sostenida sobre la plataforma de un turismo (como el 3008 o 308) y no sobre la de un vehículo comercial. Esto le hace ganar en agilidad y aplomo, traduciéndose en un confort de marcha excepcional. Además, su paellas y curvas logran que saquemos el jugo al asistente de mantenimiento de carril, que gracias a su dirección activa nos mantiene siempre en el centro de nuestro carril, conservando la trazada.

Como en casa

Si bien el tiempo ha transcurrido de manera excelente gracias al confort máximo del Rifter, toca llegar a nuestro destino. Poco más de cuatro horas han separado el punto inicial de Espinosa de los Monteros. Esta localidad hará de ‘campo base’ durante nuestra estancia en la región burgalesa. Más concretamente en el hotel posada Torre Berrueza. Un lugar impresionante, asentado sobre una torre del siglo XII que deja sin palabras a todo aquel que posa un pie en su finca.

La rehabilitación ha corrido a cargo de sus dueños, Juan Miguel Ozalla y Olga-Ruiz Rozas, quienes han conseguido, a base de esfuerzo, dedicación y mucha ilusión, convertir este enclave en un segundo hogar para todo aquel que lo visita.

Habitaciones acogedoras, un gran salón recepción decorado acorde a las fechas (pre Navidad) y, sobre todo, el restaurante anexo en el que Juan Miguel, desde 2008, se encarga de crear arte con los productos de la tierra. No en vano, es uno de los 218 que atesora la distinción Bib Gourmand otorgada por la guía Michelin, antesala de una primera estrella.

En la carta no faltan verduras, pescados, carnes o, claro está la morcilla, aunque en lo que Ozalla es un maestro es en todo lo relacionado con la caza, principalmente de pluma. A destacar también sus escabechados, realizados de manera artesanal, y sobre todo, el vastísimo (por cantidad) desayuno que ofrece, ideal para una jornada como la que nos esperaba.

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Historia viva

No vamos a engañarles, necesitábamos toda la energía disponible. Porque más allá de todas las actividades naturales que propone la zona de Las Merindades, sin lugar a dudas la más destacada es el monumento natural Ojo Guareña. Uno de los complejos kársticos más grande de la península ibérica y del mundo dispone de más de 100 kilómetros de galerías y cuevas en las que se han encontrado hallazgos arqueológicos de la época del Paleolítico.

Nosotros no completamos todo el centenar (aún seguiríamos allí) pero sí pudimos realizar una pequeña visita de  unas dos horas de duración (existe otra de casi cuatro horas) en la que pudimos contemplar cómo la naturaleza se abre paso incluso bajo tierra.

Otro de los puntos ineludibles es la Ermita de San Bernabé, enclavada en la profundidad de un valle, ofrece un tramo de unos 400 metros de cueva visitables. En el interior se conserva una talla de San Tirso y unas curiosas pinturas murales en la bóveda natural de la sala rocosa, que constituye la nave de la ermita. Están fechadas en 1705 y en 1877 y narran la vida, los milagros y los martirios de San Bernabé.

Dos píldoras de una región inigualable que, ente otros, cuenta con otros puntos turísticos y naturales de interés, como el gran puente natural de Puentedey originado por la erosión del río Nela en una roca caliza de más de 15 metros de altura o Frías, la villa medieval burgalesa por excelencia que engrosa la lista de uno de los Pueblos más bonitos de España, Tobera y sus ermitas de Santa María de la Hoz y del Cristo de los Remedios, entre otros. La mayoría son de fácil acceso, pero en otros la polivalencia del Rifter también saldrá a la luz, sobre todo gracias a su sistema Grip Control de motricidad mejorada que cuenta con varios programas específicos para rodar por zonas de tierra, arena o nieve y que se completa con el montaje de unos neumáticos especiales M+S que aseguran siempre el máximo agarre.

Seguiremos la aventura

Por desgracia, el tiempo fue tan limitado que no tuvimos tiempo material de ver todos los secretos, curiosidades y parajes naturales que esconde y ofrece esta región. Sin embargo, adueñándonos de las palabras que aparecen en su propia web de turismo “los recuerdos de sus contrastados paisajes, de sus variados bosques de sus ríos con limpias aguas, te incitarán al regreso”. Estamos convencidos de ello, y si es a los mandos de un Peugeot Rifter, con más certeza.

 

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