Pocos todocaminos hay tan emocionantes y tan exclusivos como el Porsche Cayenne Turbo. Nosotros lo hemos probado y podemos asegurar, sin despeinarnos, que estamos ante el Nueveonce de los SUV.

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Como se diría coloquialmente, a estas alturas de la película nadie derecho a reprocharle nada al Porsche Cayenne. Tras nacer de forma polémica a principios del siglo XXI, el SUV de Stuttgart ha sabido, en cada generación, ganarse el corazón del público. Con esta tercera que tenemos ante nosotros, la firma de Stuttgart ha dado un paso adelante no solo en tecnología y seguridad, sino también en deportividad, porque ¿qué sería de Porsche sin esa esencia picante que le ha caracterizado durante toda su vida?

Una esencia que muchos criticaron en 2002 cuando debutó el Cayenne, pero que Porsche inmediatamente se encargó de cortar por lo sano en 2004 presentando el primer Cayenne Turbo. No solo eso, sino que en un alarde de poderío consiguió superarse a sí mismo y, ante los atónitos ojos de medio mundo, lanzó poco tiempo después el Cayenne Turbo S con nada menos que 521 CV. Una auténtica locura que no solo sirvió de guía para el resto de fabricantes, sino que tras más de una década  dicho hito parece haberse quedado en una simple anécdota una vez nos subimos al protagonista de estas líneas: el Cayenne Turbo de tercera generación.

Mejorando lo presente

Un modelo que sigue el patrón estético impuesto por su hermano Panamera y que, como suele ser habitual en las marcas alemanas, cambia más de lo que a simple vista parece. De un primer vistazo observamos un diseño más afilado, con morro más prominente y ancho que se encuentra presidido por una parrilla y unos faros más grandes. No obstante, la zaga será la que más alabanzas obtenga. Cogiendo esta vez el testigo de la gama Nueveonce, destaca la enorme tira de LED que une los grupos ópticos traseros y que le otorga un empaque visual enorme.

Pasos de rueda más prominentes, llantas de aleación hasta de 22 pulgadas y una paleta de colores más nutrida que antes, se encargan de completar un conjunto externo que, todo dicho sea de paso, crece 65 mm a lo largo, 41 a lo ancho y reduce su altura en 9 mm para dejar unas dimensiones definitivas de 4,92 por 1,98  1,67 metros, respectivamente.

Más lujoso, si cabe

De puertas para dentro, la novedad se diluye si ya estás familiarizado con el habitáculo del Panamera, pues el del Cayenne es exactamente un calco del de aquel. Del exclusivo y excelentemente rematado puesto de conducción destacan tanto la pantalla central panorámica de 12,3 pulgadas, desde la que se maneja la totalidad de las funciones del vehículo, como el cuadro de instrumentos que pese a incluir una esfera digital de 7 pulgadas se mantiene fiel a lo analógico como parte de ese ADN deportivo de la marca.

Un puesto de conducción terminado con materiales de primerísima calidad, como el cuero negro de nuestra unidad, y con un aspecto mucho más limpio que antes gracias a la supresión de gran parte de los botones de la consola central  y a la sustitución de los existentes por comandos táctiles capacitivos (vibran al ser pulsados). Por sacarle alguna pega, decir que la pantalla central resulta ser bastante sucia y que antes de ponernos en marcha habrá sido necesario realizar cierto aprendizaje para conocer los innumerables sub-menús de los que hace gala.

En el apartado de la habitabilidad pocos peros se le pueden sacar. En la zona trasera el espacio es sobresaliente en cualquier plaza, incluyendo una central cómoda y con poca intrusión por parte del túnel central. Por su parte, en los dos exteriores, ocupantes hasta de 1,90 metros de estatura viajarán sin ningún tipo de problema ni de incomodidad e incluso podrán contar con respaldos reclinables eléctricamente (no se inclinan más de seis grados) para aumentar el confort. El maletero, por su parte, también crece respecto a su predecesor. En concreto hablamos de 100 litros más para sumar un total de 745 litros a los que en otras versiones se suma un doble fono de 25 litros más.

Una mecánica prodigiosa

No obstante, tener serigrafiado en el portón el término Turbo va más allá de tener una simple cara bonita o un interior digno de la mejor limusina. Esta palabra implica deportividad, radicalidad y emociones fuertes, pero sobre todo sirve para definir lo que verdaderamente es Porsche: un fabricante de deportivos.

Si no, solo tenemos que abrir el capó y contemplar (aunque tapado) el descomunal 4.0 V8 biturbo que se aloja en posición delantera longitudinal. Una mecánica prodigiosa que también empelan otros Porsche como el Panamera u otros modelos del Grupo Volkswagen como Audi o Bentley. En el caso nuestro Cayenne Turbo eroga nada menos que 550 CV, lo que le convierte de inmediato en uno de los todocaminos más potentes y radicales del mercado siendo superado únicamente por el Land Rover Range Rover Sport SVR de 575 CV o los Mercedes-AMG GLE 63 S y GLS 63 4MATIC, ambos con 585 CV.

Los 550 CV, que surgen cuando la aguja gira entre las 5.750 y las 6.000 rpm, vienen acompañados de un par máximo de, agárrate, 770 Nm que están disponibles desde solo las 1.950 vueltas y hasta las 4.500. Para gestionar de la manera más efectiva todo este potencial, el Cayenne Turbo no solo echa mano de la transmisión automática Tiptronic S de ocho relaciones, sino de un sinfín de soluciones técnicas que le convierten en el todocamino más dinámico de cuantos existen en el mercado.

No corre, vuela

Porque aunque la parte teórica está muy bien, la cual se completa por cierto con un 0 a 100 km/h de solo 4,1 segundos y una velocidad punta de 286 km/h, lo que realmente hemos venido a contaros es si este Cayenne Turbo puede ser catalogado como el ‘Nueveonce’ de los SUV.

Un apelativo que confirmamos simplemente con el primer acelerón. En esta ocasión no hemos podido constatar si los 4,1 segundos son veraces, pero por cómo se ha pegado nuestra espalda al respaldo del asiento y cómo se ha levantado el morro al soltar el pedal del freno (incorpora la función de Launch Control) ya os decimos que si no lo son, se deben quedar a pocas décimas. No en vano, en cuanto hemos vuelto a mirar el velocímetro, la aguja ya marcaba una velocidad tan prohibitiva que hemos tenido que pisar con contundencia el freno… ¡y todo ello sin llegar a tercera!

Ya que mencionamos los frenos, decir que este elemento es una de las grandes novedades de este nuevo Cayenne Turbo. Denominados PSCB, le convierten en el primero de su segmento en incorporar unos discos con revestimiento de carburo de wolframio, material que reduce la suciedad, aumentan el tacto al tocar el pedal y, sobre todo, la durabilidad de los mismos (Porsche asegura que duran un 30% más que los convencionales de acero).

Se incorporan como elemento de serie en el Turbo aunque por encima de ellos se siguen colocando los carísimos y ultra eficaces discos carbocerámicos. Lo cierto es que su adopción ha sido todo un acierto por parte de los ingenieros de Porsche, ya que durante la prueba no notamos síntoma alguno de fatiga, lo cual dice mucho a su favor para tener que parar una mole de casi 5 metros de largo y 2.250 kilos de peso.

Una cualidad muy a tener en cuenta en un modelo que lo que pide es correr, y correr, y correr. De hecho, como hemos dicho al principio, hay que estar atentos para no sobrepasar, por mucho los límites legales establecidos. Y es que no solo el empuje del V8 biturbo es sensacional, sino que la insonorización del habitáculo es tal y la sensación de ir tan rápido es tan reducida, que bien podríamos acabar en prisión a poco que no nos demos cuenta.

Pegado al asfalto

Por eso, tras comprar que en recta es un auténtico cohete, toca ponerle a prueba por nuestro ya habitual tramo de montaña. Para ello colocamos el selector de modos (ubicado en el volante) en el programa Sport Plus, comprobando instantáneamente cómo el motor se vuelve más poderoso, la transmisión rebaja una marcha, la dirección endurece el tacto y la carrocería rebaja su altura para pegarnos al asfalto. Sí, porque nuestra unidad equipaba la siempre efectiva suspensión neumática que permite variar la altura llevándonos más cerca del suelo con el modo más deportivo y alejándonos del mismo cuando jugueteamos con las múltiples funciones del programa off road.

No obstante, hay tres tecnologías que consiguen que este Cayenne Turbo sea el todocamino más emocionante del panorama actual. Nos referimos tanto al sistema Porche Vectoring Plus (PTV+), como a las barras estabilizadoras activas o al 4D-Chasis Control. El primero, trabaja de forma conjunta con el diferencial trasero autoblocante con el objetivo de mantener las ruedas siempre con el par idóneo, mientras que el segundo evita que aparezca cualquier atisbo de balanceo al afrontar una curva más cerrada.

No obstante, el rey de reyes es el tercero. Un sistema heredado directamente del Nueveonce con el que las ruedas traseras pueden girar bien en el mismo o en sentido contrario a las delanteras para mejorar, respectivamente, el paso por curva o la maniobrabilidad en zonas urbanas. Un coctel explosivo que convierte cualquier curva en recta logrando un paso por la misma extremadamente veloz, más incluso que algunos deportivos de pura cepa.

A ello también contribuye una dirección rapidísima y un chasis excepcional puesto a punto de manera sensacional el cual, por primera vez, emplea la plataforma modular MQB Evo con la que aumenta su rigidez en un 20%. Para poner la guinda a un conjunto para el que se nos acaban los calificativos, el Cayenne Turbo emplea otra novedad indiscutible en su categoría.

Se trata de un alerón posterior retráctil, el primero de su segmento, que deriva del que emplea, por ejemplo, el Panamera Sport Turismo. Con tres inclinaciones distintas, 6, 12,6 y 19,9 grados, su fin es variar la cantidad de carga aerodinámica que se envía directamente sobre el eje trasero (con una máxima de 50 kilos). A ellos se une una función denominada  Air Brake que lo coloca a 28,2º cuando frenamos entre 170 y 270 km/h, pudiendo llegar a acortar la frenada hasta en dos metros cuando se circula a 250 km/h (característica que, como es obvio, no pudimos corroborar).

¿Y por campo?

Por último, no podemos dejar de analizar, aunque sea brevemente sus aptitudes off road. Para muchos, el Porsche Cayenne tiene esa faceta de coche desconocido en lo que a conducción fuera pista se refiere, cuando en realidad estamos ante un vehículo con unas cualidades sensacionales. Más aún si añadimos el paquete Off Road y la suspensión neumática. Con ellos, no es que el Cayenne Turbo sea igual de efectivo que un Range Rover, pero sí permite sortear zonas donde otros SUV premium se quedarían totalmente atascados.

Unos ángulos de ataque, salida y ventral más que buenos, de 27,1, 24, 1 y 21,1 grados, respectivamente, unidos a la tracción total, los 24,7 cm de altura libre al suelo y los cuatro sub programas pertenecientes al modo Off Road (Gravel, Mud, Sand y Rocks) nos permitieron acceder a lugares rotos, con fuertes pendientes y bajadas pronunciadas, todo sin inmutarse lo más mínimo y recordándonos a aquella toma de contacto que realizamos el año pasado por Cataluña, donde incluso recorrimos un cortafuegos con total facilidad.

Un sueño para muchos

Del Porsche Cayenne Turbo se podrían decir muchas cosas, unas buenas y otras malas, pero quizá la más desilusionante sea su precio. Porque el SUV deportivo de Stuttgart parte de un precio de 160.613 € que, a poco que añadas unas cuantas opciones como las de nuestra unidad, subirá desmedidamente hasta más allá de los 200.000 € como consecuencia del montaje de los comentados PTV Plus (1.697 €), Porsche Dynamic Chasis Control (3.733 €), el paquete Off Road (2.036 €), el paquete Spor Chrono (1.249 €), el techo panorámico (2.294 €), las llantas de 21 pulgadas en color platino satinado (1.982 €), la función masaje para los asientos delanteros (3.448 €), el asistente de visión nocturna (2.525 €), la cámara 3D de 360 grados (1.615 €), el sistema de sonido Burmester High-End Surround (5.233 €), el Head-up Display (1.669 €) o el sistema Porsche InnoDrive capaz de analizar la ruta a la que nos vamos aproximando para informar al conductor sobre el grado de aceleración y deceleración más conveniente.

En definitiva, quizá muchos vean un exceso desmedido de la tecnología, pero lo cierto es que este Cayenne Turbo consigue algo que pocos todocaminos son capaces: sentir que estamos subidos a un auténtico deportivo.

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