BMW añade un toque de deportividad al i3 para crear un producto sin parangón. El i3s cautiva tanto por su eficiencia como por lo divertido y emocionante que resulta de conducir. 

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Hay quien todavía reniega de los coches eléctricos. Argumentos no les faltan: el precio, la autonomía o el tiempo de recarga son los más comunes. No obstante, en esas enumeraciones hay quien ‘cuela’ que son aburridos. Un calificativo que basan en nula dinámica de conducción y en que todo lo que tiene de fulgurantes en la aceleración, lo pierden a los pocos metros. Pues bien, si eres de los que piensa como ellos, le invito a subirse con nosotros en el que probablemente es uno de los eléctricos más emocionantes que ha dado el sector en los últimos años ¡y afrontable!… más o menos.

Me refiero al i3s, o lo que es lo mismo, a la versión más prestacional del eléctrico de BMW. Un modelo que la firma bávara se sacó de la manga hace poco más de un año, aprovechando la actualización de media vida y del que me atrevo a referirme como el M de los eléctricos. Porque si el Serie 2 tiene un M2, ¿por qué no podía tenerlo un i3? Así que quien quiera rebatirme, ahí está la sección de comentarios para que lo haga (estaré encantado de iniciar una conversación amistosa).

Déjese e llevar… pero con límite

Una de las ventajas que tiene el i3s es que puede comportarse como un i3 convencional para el día a día y transformarse en un bólido emocionante el fin de semana. Eso sí, sin excesos, ya que la autonomía será la que nos marque el límite. Con una carga completa, para la que en nuestro caso, con una potencia contratada de 5,5 kWh, hemos necesitado algo más de 12 horas, el recorrido máximo que nos marcaba el ordenador de a borde era de 199 km. Cifra que se podrá reducir casi hasta la mitad si hacemos uso de todo el espíritu deportivo que atesora este i3s.

Pese a todo, merece la pena activar el modo Sport (exclusivo de esta versión) y acelerar con contundencia. En ese instante, todo aquel que siga pensando en el aburrimiento de los coches eléctricos borrará de golpe y plumazo tal idea. Porque el i3s acelera como un demonio. Tal es así, que en muchas ocasiones y colocados en paralelo ante deportivos de pura cepa, ha bastado hundir ligeramente el pedal derecho para salir, literalmente, ‘escopetados’.

Cierto es que antes de llegar a los 100 km/h ya nos sacaban varios metros de ventaja (nuestro 0 a 100 km/h es de 6,9 segundos y el 0-60 km/h de 3,7 segundos), pero sentir que les hemos derrotado en los primeros metros, como diría aquel, no tiene precio. Aquí, juegan un papel importantísimo los 270 Nm de par disponibles desde la arrancada, que se acompañan de una potencia de 184 CV, 14 CV más que el i3 normal.

Con la sonrisa en la cara

Puede que nos hayamos centrado demasiado en el apartado de aceleraciones, pero por lo que realmente destaca este i3s es por su comportamiento dinámico. En marcha se aprecia como un coche más reactivo que el i3 normal, con una dirección más directa y una suspensión más seca. De hecho, el tarado de los amortiguadores es tan duro que para el día a día resultará hasta incómodo.

No así para afrontar ese tramo de montaña serpenteante, pues permitirá que el i3s sea menos reactivo a la hora de afrontar enlazadas de curvas. Una mejora en la estabilidad al que también contribuyen el montaje de unas barras estabilizadoras específicas, la reducción de 1 cm en su altura respecto al suelo y en que sus vías se han ensanchado 4 cm posibilitando la colocación de unos neumáticos algo más grandes, con una llanta de 20 pulgadas y una medida de 175/55 delante y 195/50, detrás.

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Urbanita de pro

Pese a su alma deportiva, el i3s mantiene ese carácter urbanita con el que fue creada la gama. Gracia a sus dimensiones compactas, los 4 metros de largo le convierten en el BMW más pequeño de todos, unido a la impresionante capacidad de aceleración lograrán que su conductor se sienta a gusto a sus mandos.

Además, será en este tipo de entorno donde conseguirá sacarle todo el jugo a la batería. Sí, ese tramo de montaña resulta divertido, pero fundirse la carga en menos de 100 km no lo es tanto. Por eso, las congestionadas calles de la ciudad se convierten en el escenario ideal para conseguir esos 200 km de autonomía real.

Para ello, será imprescindible activar los modos ECO Pro y ECO Pro+ que modifican la gestión de los parámetros hacia una conducción más ahorradora. No en vano, con el segundo, el dato de autonomía puede llegar a los 250 km. Eso sí, a costa de desconectar el climatizador, de limitar la velocidad máxima a 90 km/h y de aumentar el nivel de retención. Porque a falta de palancas o levas, el i3s aumenta la intensidad de la regeneración en las fases de frenada mediante los programas.

El más intenso, como decimos, es el ECO Pro+, siendo el único con el que se puede realizar el denominado one pedal feeling, es decir, olvidarnos por completo del freno para que sea el sistema el que nos detenga al levantar el pie del pedal derecho. Con esta práctica (para la que se necesita un periodo de adaptación) no solo aprovechamos mucho más la energía sino que desgastamos menos las pastillas de freno.

Saca músculo

A nivel estético, BMW también ha querido diferenciarle de su hermano convencional. Aquí se mantiene esa línea discreta de la que hacen gala otros deportivos bávaros como el M2. En este caso, el i3s resulta contundente a la vista, sí, pero no exuberante. Por fuera, las diferencias son mínimas pero visibles. Paragolpes más voluminosos, las comentadas llantas de 20 pulgadas, pasos de rueda ensanchados, luces antiniebla con un diseño exclusivo o el logo i3s en el portón trasero le delatan.

En el habitáculo se mantiene esa configuración para cuatro ocupantes con un salpicadero minimalista y muy desahogado. Los ojos más ávidos se darán cuenta de que la resolución de la pantalla central ha aumentado, mientras que el sistema multimedia ha mejorado su interfaz y ha añadido nuevas funciones como la sincronización móvil mediante Apple CarPlay. Tapicerías y molduras inéditas completan los mínimos cambios introducidos en un modelo que sigue destacando por su diseño cautivador y por su amplitud interior.

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