Una vez Citroën ha dominado con mano de hierro el sector de los industriales ligeros con el Berlingo, quiere extrapolar ese liderazgo al de los turismos. Para ello, su modelo fetiche sufre un cambio tan drástico que ni el jurado de Tu cara me suena sería capaz de reconocer el modelo original. Tras probarlo en profundidad nos queda una cosa clara: la extinción del monovolumen está más próxima de lo que creíamos. 

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A poco de cumplir mi primer año como padre, echo la vista atrás de manera reflexiva y veo todo lo que me ha cambiado la vida. Nuevos horarios, ser más paciente, más cuidadoso, más atento. Modificar mis prioridades sociales en beneficio de esta pequeña criatura, banalizar el concepto del orden y, sobre todo, sentirme una persona más completa, más realizada.

Los catálogos de ropa y perfumería han sido sustituidos por los de ropa infantil, hamacas o accesorios para bebés, mientras que el término ocio en pareja ha pasado de ser un dúo a prácticamente esfumarse. Igualmente, si centro mis pensamientos en la movilidad veo cómo atrás ha quedado la idea de tener un compacto deportivo, con siglas del estilo GTI, RS o CUPRA para empezar a desarrollar la idea de tener un amplio, espacioso e insulso monovolumen en el que nos quepan todos los trastos de nuestro pequeño, el del resto de niños de la urbanización y, por si acaso, el del primo que vive a 5.000 km de distancia.

Con la desconfianza que aún me genera el subirme al tren de los SUV, parecía que no me quedaba otra que rendirme a los encantos de la modularidad. Sin embargo, como un ángel caído del cielo, Citroën no sorprendió con el anuncio del nuevo Berlingo. Un modelo que, tras liderar de manera indiscutible el segmento de los comerciales ligeros se ha pasado directamente al de los turismos.

Amplitud de miras

De furgoneta a compacto o lo que sorprende más, de herramienta de trabajo a vehículo de ocio, ideal para familias jóvenes, con uno, dos o tres niños, a los que nos gusta (permítanme la auto referencia) echarnos a la carretera a descubrir nuevos lugares, paisajes y gentes.

Estéticamente mantiene ese ADN de comercial, con unas formas cuadradas que, lejos de ser negativas, veremos que se convierten en virtuosas. No obstante, los diseñadores franceses han sabido integrar el nuevo lenguaje de la marca para conseguir un conjunto funcional pero, sobre todo, atractivo.

A destacar el robusto frontal, con el logo extendiéndose por toda la parte superior y con la tiple firma lumínica (diurna LED, principal y antiniblea), así como los característicos Airbumps que, como ocurre con el resto de nuevos productos, pasan a ser más decorativos que prácticos ocupando la parte inferior de las puertas delanteras.

Pese a todo, como decimos, el Berlingo mantiene elementos típicos de las furgonetas, como son las puertas correderas laterales o el descomunal portón trasero para el que se necesitará guardar mucha distancia bien con el coche o con la pared para poder abrirlo por completo. No obstante, en Citroën han pensado en todo y de manera opcional cuenta con la posibilidad de abrir únicamente la luneta posterior para así facilitar la carga de objetos pequeños o en lugares estrechos.

Con todo, decir que este Berlingo mantiene unas dimensiones compactas, de 4,40 metros en esta talla M, aunque existe otra XL que estira su longitud hasta los 4,75 metros, consiguiendo que en su habitáculo se almacenen un sinfín de elementos.

Pozo sin fondo

Una de las peculiaridades de este nuevo Citroën Berlingo es que, independientemente de qué tipo de carrocería elijamos, podremos optar por una configuración para siete ocupantes. Elección que cobra un mayor sentido en el Berlingo pues dichos asientos serán más grandes y habitables, mientras que en el caso del Berlingo M servirán únicamente para el transporte de niños.

Nuestra unidad concreta carecía de ellos ahorrándonos por tanto los 454€ que Citroën pide por ellos y aumentando ligeramente el hueco destinado a la carga. Y es que gracias a su herencia comercial, la misma que nos permite acceder a unas plazas traseras de la forma más cómoda imaginable, el maletero hace gala de una capacidad sin parangón.

Los 775 litros hasta la bandeja no solo se traducen en un espacio infinito, sino que gracias a sus formas, con 1,02 metros desde el piso hasta el cofre situado en el techo, nos permitirán incluso meter un carrito de niño sin plegarlo. Capacidad que irá aumentando a medida que abatamos asientos. Así, con dos butacas, obtendremos un hueco de 1.400 litros y un piso plano de 1,88 metros, mientras que si plegamos el asiento del copiloto contaremos con 3.500 litros y un piso plano de nada menos que 3,5 metros de largo.

Y no solo eso, sino que los diseñadores franceses han convertido ese interior en un auténtico templo a la modularidad. Por un lado, han añadido otros 186 litros adicionales repartidos entre 28 compartimentos del habitáculo. A destacar, la doble guantera frontal, las trampillas escondidas bajo los asientos traseros o el denominado ModuTop del techo, con un raíl compartimentado que desemboca en un cofre final al que también se puede acceder desde el maletero y que soporta 10 kilos.

Extra de modularidad

Si el maletero sorprende, más lo hace su zona trasera. Porque en 1,85 metros de ancho, Citroën ha conseguido incrustar tres asientos individuales y de idénticas dimensiones que son aptos no solo para dar cobijo a tres adultos sin problemas gracias al amplio espacio reinante tanto para las piernas como, obviamente, para la cabeza, sino incluso para colocar tres sillitas infantiles, pues cada butaca cuenta con anclajes ISOFIX. Elemento que, eso sí, solo podrá elegirse con el acabado más alto de la gama, el Shine. En los otros dos, Live y Feel vendrá con un sillón corrido convencional, abatible en una proporción 60/40.

Pero eso no es todo, pues gracias de nuevo a otro elemento heredado de su etapa comercial, como es la puerta corredera deslizante (el culmen sería si fuese eléctrica). Gracias a ella, el acceso a la segunda fila es de matrícula, sin escorzos ni malas posturas, mientras que la colocación de un niño será ‘pan comido’.

En este punto, uno empieza a encontrar el sentido de por qué un modelo como el Berlingo sería más atractivo que el tradicional monovolumen, un segmento, éste, que si ya flaqueaba a causa de los SUV con la llegada de estos vehículos ultramodulares, su sentencia parece estar firmada definitivamente. Como demostración, un dato, la gama actual del C4 Spacetourer (el otrora conocido como Picasso) cuenta con una menor gama tanto de motorizaciones como de acabados,

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Devora kilómetros

Con todo lo necesario colocado milimétricamente en este amplísimo ambiente, solo queda activar el modo ‘donde nos lleve la carretera’. Para ello, el Berlingo también ha cambiado su personalidad. Al estar sujeto sobre la plataforma modular EMP2, la misma que la marca emplea en el C4 Cactus y C5 Aircross, o el grupo en los Peugeot 308, 3008, 5008, DS7 Crossback.

Con ello, la primera sensación es la de ir conduciendo un vehículo más sólido, más aplomado, más turismo. Cierto es que sus formas siguen siendo propias de una furgoneta, pero su estabilidad ha mejorado infinitamente respecto a su predecesor. Gracias a unas suspensiones bien ajustadas, los viajes por carretera resultan ser extremadamente cómodos, mientras que si la vía se retuerce un poco, tampoco lo pasaremos mal.

Acomodados en unas plazas delanteras muy correctas, cuya sujeción podría ser un poco mayor, no tenemos la sensación de estar conduciendo un Berlingo… sino más bien un C4 Cactus. Al ir asociado al acabado más alto, la consola central es ligeramente distinta, pues ofrece la ya característica pantalla flotante con mandos táctiles incorporados que, eso sí, ha expulsado los mandos de la climatización para ser manejados de manera externa y mucho más segura.

A diferencia de su hermano gemelo, el Peugeot Rifter, el Berlingo ha optado por un puesto de mandos tradicional, con un volante normal y un cuadro de instrumentos colocado justo detrás (el Peugeot lleva el i-Cockpit). De esta forma y de manera opcional, se puede completar con un vistoso Head-up Display, un elemento que, hace años, hubiera sido impensable montar en un vehículo de este porte y que nos da buena cuenta de lo mucho que ha evolucionado el Berlingo.

Elige el potente

Bajo el capó, dado que el diésel es el combustible predominante, nosotros elegimos la versión intermedia, es decir, el BlueHDi de 100 CV. Un bloque correcto pero algo ruidoso que, después de haberlo probado en profundidad nos deja claro un par de cosas: que resulta suficiente para circular con el coche a media carga, pero muy justo si queremos afrontar un viaje de larga duración con el maletero y la zona trasera ‘hasta los topes’.

Por debajo de las 2.200 rpm se muestra excesivamente perezoso, incluso pese a que el dato técnico nos dice que los 250 Nm de par aparecen a 1.750 vueltas. Por su parte, los 100 CV no hacen acto de aparición hasta las 3.700 rpm, lo que obliga a que su régimen de actuación sea relativamente escaso. Y por si eso fuera poco, la caja de cambios solo ofrece cinco relaciones, penalizando ligeramente un consumo que, en condiciones reales, no bajó de los 6 l/100 km.

Con esto no queremos defenestrar esta opción mecánica, siempre y cuando entendamos sus limitaciones, pero sí nos hace plantearnos la posibilidad de optar por la versión de 130 CV, cuya diferencia de precio es de solo 1.157 €. Un sobrecoste que no parecerá tanto si tenemos en cuenta que el consumo rondará la misma cifra, que ganaremos en confort de marcha gracias a la caja de seis relaciones y que, en caso de así requerirlo, podremos invertir otros 992 € y elegir la transmisión automática EAT8 de ocho relaciones.

Hasta los topes

En ambos casos, podremos optar por el acabado más alto, Shine, a priori el más razonable si queremos disponer de un Berlingo bien equipado. Cierto es que hay elementos que deberían ir de fábrica, como el climatizador, el volante de cuero multifunción, los sensores de aparcamiento con cámara trasera o el navegador, más aún si tenemos en cuenta que su conjunto hace subir en 1.569 € una tarifa inicial que arranca en los 20.530 € sin IVA, el cual, una vez aplicado tanto el impuesto y el de matriculación, se queda en 24.841 €. Precio que podría echar atrás a más de un comprador novel en el arte de las furgonetas reconvertidas en monovolúmenes pero que, por suerte, Citroën edulcora con un jugosísimo descuento de 4.047 €.

Rebaja que, además de permitirnos optar por esos elementos a priori imprescindibles, lograrán que pongamos nuestras miras sobre los ya comentados o por otros igual de suculentos como la carga inductiva para móviles (82 €), el acceso y arranque sin llave (330 €), el Head-up Display (330 €), Pack Safety con lector de señales de tráfico y recomendación de velocidad y alerta por fatiga (82 €), el gancho de remolque (413 €) o el siempre efectivo sistema Grip Control de motricidad ampliada que viene con neumáticos M+S de serie (429 €) y que se torna en básico si nuestro discurrir alterna zonas de baja adherencia como la arena, el barro o la nieve.

En definitiva, aunque nos guste denominarlo como evolución, lo cierto es que el cambio sufrido por el Berlingo excede lo visto hasta ahora. Guarda reminiscencias del pasado, sí, pero resulta tan distinto a lo anterior que no tenemos miedo de afirmar que Citroën ha logrado desarrollar un nuevo segmento de turismos. Modelos aptos para todo lo que precisemos.

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