Por primera vez en sus seis generaciones el Ford Explorer se comercializa en el Viejo Continente. Eso sí, para poder rodar por aquí ha tenido que adaptarse y montar una mecánica híbrida enchufable que, ojo, porque le dota de un poderío y una eficiencia excelentes.

Hablar del Ford Explorer es hacerlo sin duda de uno de los modelos más míticos de la marca del óvalo…al otro lado del charco. Sin embargo en Europa su bagaje ha sido prácticamente nulo, hasta ahora.

Y es que Ford continúa con su expansión de los todocaminos proponiendo el que es su modelo más despampanante. Y lo hace además volcándose de lleno con la eficiencia, pues el Explorer que aquí es lo probamos ofrece un sistema híbrido enchufable que le dota de la etiqueta CERO de la DGT.

Estilo yankee

El Ford Explorer mantiene ese ADN característico de los modelos norteamericanos. Nos referimos a una silueta robusta despampanante y gigantesca. No en vano, su carrocería se estira hasta los 5,05 m de largo lo que le convierte en uno de los SUV de siete plazas más grandes que se venden en la actualidad.

A destacar sin duda su majestuoso frontal con una calandra gigantesca que parece que te va a absorber cuando le ves acercarse por el retrovisor, paragolpes muy robustos, pasos de rueda ensanchados, llantas de hasta 20 pulgadas y sobre todo una silueta lateral que tiene ese tinte de corte un poco más familiar que deriva en una zaga igualmente sobre dimensionada. En esta zona quizá hay un detalle que no nos acabado de convencer, y son las salidas de escape falsas. Omitiéndolas, lo que en realidad llama la atención es ese típico estilo americano de coche gigantesco que, además, está casi desprovisto de rivales.

Para siete, de verdad

En el interior esa grandiosidad se traslada a un habitáculo ultra espacioso. Pero antes de analizar cómo va uno en este Explorer huelga decir que el diseño es casi tan atractivo como el del exterior. Lo primero que llama la atención es sin duda la pantalla central en disposición vertical que en un primer vistazo parece estar colocada a posteriori, pero que en realidad está muy bien integrada en el salpicadero.

Siguiendo con el apartado tecnológico tenemos un cuadro de instrumentos digital de 12,3 pulgadas completamente configura hable con varias opciones de vista. La calidad de los materiales es excelente con Y el equipamiento es amplísimo.

En este apartado hay que decir que el Ford Explorer solo está disponible con el acabado ese ST Line, de corte un poco más deportivo, y ello redunda como decimos en un equipamiento muy completo con todo lo que podamos imaginar: asientos delanteros calefactables y ventilados, regulables eléctricamente, volante calefactables, techo panorámico, navegador…

Pero si hay un detalle que llama poderosamente la atención es lo cómodo que resulta viajar en este Explorer. Detrás tenemos espacio de sobra para colocar a tres ocupantes adultos, y lo que es más importante pueden ir acompañados de otras dos personas que se colocarán en una tercera fila de asientos con dos butacas independientes muy confortables. El espacio en esta tercera fila está más que garantizado gracias en parte a los 15 cm de desplazamiento longitudinal que propone la segunda fila de asientos a excepción de la plaza central. Quizá el aspecto mejorable sería el acceso a las mismas pero una vez dentro la verdad es que viajamos de manera muy confortable como decimos.

Un poco más atrás, en el maletero, encontramos un hueco gigantesco. Con cinco plazas partimos de un volumen de 635 l con unas formas muy regulares. Si desplegamos la tercera fila de asientos tenemos una capacidad de 240 litros, superior a la de muchos rivales de corte Premium. Y si abatimos los respaldos de la segunda fila tenemos una capacidad total de más de 2.275 litros.

Solo phev

La condición para que el Explorer aterrizase en Europa era, sin duda, dotarle de un sistema lo más eficiente posible. Y así es como este gigantesco SUV de siete plazas propone bajo su carrocería un sistema híbrido enchufable que combina un V6 de 3,0 litros de gasolina de 367 CV con otro eléctrico de 100 CV.

En total la potencia conjunta asciende hasta en nada menos que los 457 CV a los que acompaña un par máximo de, ojo, ¡825 Nm! De esta forma no es de extrañar que al acelerar de manera conjunta notemos cómo el morro se levanta ligeramente y en el habitáculo se cuele el sonido típico de un camión. Si bien tiene que arrastrar un peso total de más de 2,3 toneladas sus prestaciones son aplaudirle, apoyado por el buen hacer de la transmisión automática de diez relaciones: acelera de 0 a 100 km/h en únicamente 6 segundos logrando una velocidad máxima de 230 km/h.

Pero lo más destacado quizá sea también lo eficiente que resulta en general. Me explico. Como buen híbrido enchufable, este Explorer es capaz de conseguir consumos medios de tan solo 5,5 l/100 km e inferiores. El truco, tener siempre la batería bien cargada.

Y es que este Explorer monta una batería de iones de litio de 13,6 kWh de capacidad con la que alimenta al motor eléctrico de 100 CV durante un máximo de 45 km según las cifras homologadas bajo el ciclo WLTP. Ahora bien, en circulación real nosotros no hemos llegado a medir cerca de 33 km, lo cual es un dato bastante bueno teniendo en cuenta las características de este modelo (longitud, peso, potencia…). Otra ventaja, que se puede recargar en menos de cinco horas en una toma doméstica de 230 voltios.

Pero ojo, si hay algo que también nos sorprenda, es la cifra de consumo que consigue cuando la batería se agota. En este caso hago un breve inciso y os digo que la batería aunque esté acero siempre se guarda un caudal de energía para poder suministrar al motor eléctrico de rendimiento y tener así disponibles los 457 CV cuando queramos. Dicho esto, os tengo que decir que durante la semana dedos prueba, el Explorer ha gastado la friolera de 9,6 l/100 km.

Muchos pensaréis que es un dato elevado, pero os recuerdo, de nuevo, que estamos hablando de un coche de más de 5 m de longitud, 2,3 toneladas de peso, siete plazas, y un coeficiente aerodinámico poco favorable. Por tanto, que esta mole consiga datos por debajo de los 10 litros incluso con la batería descargada, es para tenerlo muy en cuenta.

Su comportamiento dinámico tampoco desmerece, sobre todo cuando circulamos por autopista. Se le nota grande (es grande) y contundente, e incluso da la sensación de que no va a caber en el carril, pero sobre todo es cómodo. En carretera secundaria, en cambio, comienza a sufrir algo más de la cuenta. Primero, por el tamaño, aquí sí hay que tener cuidado con las trazadas y, segundo, porque la su dirección peca de lenta y la suspensión de ser poco firme, pero ello no impide que se pueda ir muy deprisa sin por ello perder un ápice de seguridad.

Para optimizar este comportamiento, cuenta con varios programas de rodaje. En total son siete: Normal, Eco, Remolque, Sport, Resbaladizo,  Pista y Nieve/Arena. A ellos hay que sumar los pertenecientes al sistema híbrido: EV Auto, EV Now, EV Later (reserva batería) y EV Charge (cargas en marcha). Como ves, una elevada pluralidad de escenarios para poder disfrutar de nuestro Explorer sea donde sea, aunque el escenario que más sorprende es el urbano, moviendo esta mole por las estrechas calles sin contaminar, emitir ruido y gastar una gota de combustible.

En definitiva

La única pega que le sacamos, que la batería solo pueda cargarse a 3,7 kW de potencia máxima, limitando así el tiempo mínimo a las 4 hora y media que ascienden a casi 6 horas en una toma doméstica. Pero por lo demás no podemos sino aplaudir la decisión de Ford Europa de traer este mastodóntico coche a nuestras carreteras y dotarle además de esa eficiencia extra. Todo ello sin obviar lo fácil que resulta hacerse con un Explorer ya que no hay que estar pensando en gamas ni elementos opcionales. Por los 79.411 € que piden por él (70.513 € con descuentos por financiación) te llevas todo lo que puedas imaginarte dado que únicamente asocia el nivel ST Line dejando como única opción la pintura metalizada que va de los 950 a los 1.400 €.

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