El Jeep más juvenil y desenfadado, el Renegade, se actualiza proponiendo nuevas soluciones estéticas y de entretenimiento, así como un nuevo motor de gasolina de tres cilindros idóneo para el día a día. Nosotros lo hemos probado en profundidad.

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Hay quien tiene miedo a la distinción. Miedo a ser diferentes. Miedo al qué dirán. Temores que muchos intentaron inculcar en Jeep cuando en 2014 la firma americana decidió arriesgarse a sacar el Renegade. Un modelo que no solo se convirtió en el SUV de acceso a la firma, sino que además fue el primero de su historia que no se fabricaba dentro del territorio norteamericano.

Herejía para muchos, lo cierto es que el tiempo ha acabado por poner en su sitio a todos esos gurús baratos que no hacían sino vaticinar un fracaso estrepitoso del Renegade. Los datos así demuestran su equívoco ya que en estos casi cuatro años, el todocamino urbano ha logrado conquistar el corazón de 800.000 conductores… entre los que se encuentra un servidor.

Diferente que no peor

Desde el primer instante, las líneas cuadradotas de este todocamino urbano de 4,23 metros de largo me cautivaron. Quizá por el hecho de seguir un patrón similar al del Wrangler (del que me declaro un auténtico fanático), o porque el Renegade supo distinguirse visualmente de unos rivales enclavados en el aburrimiento estético y las formas casi idénticas, pero lo cierto es que este todocamino urbano me cautivó.

Un sentimiento que se ha incrementado con la llegada de la actualización que protagoniza estas líneas y que le ha servido para ganar en atractivo. Mantiene su diseño cuadrado, pero suma inéditos y vistosos detalles. Sin lugar a dudas, el más representativo es su ‘mirada’. Las nuevas luces LED diurnas circulares le confieren más personalidad, mientras que en la zaga se mantiene el característico faro en X, reminiscencia de aquellos bidones de gasolina que montaba el Willys.

Puede que el color elegido para esta unidad no sea el más llamativo de la inmensa paleta de combinaciones de la que hace gala el Renegade, pero gracias a algunas de las soluciones y accesorios suministrados por Mopar, como la estrella que preside el lateral, consigue que los cuellos de la gente giren a nuestro paso.

Subidón tecnológico

En el habitáculo, la calidad reinante en todos los modelos Jeep se entremezcla con un aura de tecnología ampliada significativamente. Aquí, nuestra vista se mueve entre el monitor situado en el cuadro de instrumentos y el colocado en la consola central. Ambos son a color, ofrecen una excelente nitidez y son intuitivos de manejar.

Pese a que la pantalla central de 8,4 pulgadas podría estar más orientada hacia el conductor, lejos de ser una desventaja, permite al copiloto desempeñar su labor cuando la situación así lo requiere. A destacar de la misma las múltiples opciones que ofrece, la facilidad de manejo que presenta y la cantidad de servicios de los que hace gala, entre los que se encuentra la ya indispensable sincronización  móvil.

Por lo demás, el Renegade no deja nada al alzar. Como decimos, la calidad y el ajuste de los materiales corresponde casi con un vehículo de un segmento superior, como también lo hace en espacio. En este sentido, no solo sobresale por el espacio para las rodillas, sino también por la distancia para la cabeza. Gracias a ello, adultos de 1,90 metros podrá acomodarse sin ningún tipo de complicación, mientras que el maletero cubica unos correctísimos 351 litros que vienen acompañados de unas formas rectangulares perfectas para distribuir la carga.

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De estreno

Ahora bien, una de las grandes novedades de este facelift del Renegade es, sin duda, lo que se esconde bajo el capó. Allí, los ingenieros americanos han confiado en la dilatada experiencia mecánica de Fiat para implementar un moderno motor  de gasolina.

En concreto, el Renegade de nuestra prueba se impulsa con el bloque de tres cilindros, turbo y 1.0 litros, el cual genera una potencia de 120 CV a 5.750 rpm y un par máximo de 190 Nm, disponibles desde las 1.750 rpm. Cifras que resultan más que suficientes para mover los 4,23 metros y 1.395 kilos de coche.

Un motor solvente, silenciosos y con un gran punch a bajas revoluciones que va ganando velocidad con progresividad. Aquí, el aliado perfecto es la transmisión manual de seis relaciones, de tacto suave y preciso, con unos desarrollos bien escalonados enfocados a priorizar el consumo.

No en vano, durante la prueba, el gasto medio registrado rondó los 7,5 l/100 km. Cierto es que implican más de un litro por encima del homologado, pero hay que reconocer que la prueba discurrió casi en su totalidad por carreteras secundarias. En ellas, como decimos, el motor 1.0 FireFly de 120 CV ofreció un buen rendimiento, más que suficiente para hacer un uso diario del vehículo.

Aventura urbana

Dinámicamente, el Renegade se postula como una opción perfecta para circular por cualquier vía asfaltada. Aquí, la suspensión hace un trabajo excelente al estar perfectamente graduada para la comodidad. No en vano, el Renegade también es divertido de conducir al gozar de una dirección bastante precisa y de una estabilidad impropia de un vehículo de su altura. Destaca también por su excelente insonorización (a la que contribuye el reducido sonido que desprende el motor)

Pese a estar enfocado a una conducción ‘por lo negro’, su alma aventurera sigue latente y pese a que nuestra unidad estaba asociada a la tracción delantera, como buen Jeep, no hace ascos a la aventura. Sus 175 mm de altura libre al suelo y unos neumáticos con perfil 55, así nos lo demostraban.

Sin fisuras

De los tres acabados disponibles para este motor, Sport, Longitude y Limited, nuestra unidad iba equipada con el último, es decir, con el más completo. Si bien la factura final se incrementa, de base y sin descuentos, hasta los 25.200 €, lo cierto es que quien opte por él se llevará un Renegade de lo más equipado.

Sistema Uconnect de 8,4 pulgadas con navegador, radio digital DAB, climatizador automático, cuadro de instrumentos con pantalla digital de 7 pulgadas, volante multifunción, Bluetooth, faros antiniebla delanteros, llantas de aluminio de 17 pulgadas,  sensores de aparcamiento delanteros o los asientes a la conducción como la alerta por colisión frontal plus o el control de velocidad de crucero adaptativo, así lo demostraban.

No obstante, quienes quieran optar por la unidad que suscribe estas líneas deberán pagar 5.470 € en extras en concepto de carrocería bicolor con azul JetSet para el cuerpo y techo negro, tapicería de cuero gris, faros traseros LED, cámara de visión trasera, cristales traseros tintados o los pack función y Visibility con acceso y arranque sin llave, retrovisores exteriores abatibles eléctricamente, asiento trasero abatible, sensores de lluvia y luces, faros delanteros Full LED Smartbeam y retrovisor interior fotosensible.

Todo sin olvidar el sistema de control del ángulo muerto o los servicios Mopar Connect con My:Assistant, un servicio de asistencia diseñado para ofrecerte ayuda en caso de necesidad, my:RemoteControl y my:Car, con los que sabrá dónde se encuentra tu vehículo, así como abrir y cerrar las puertas o controlar el nivel de combustible desde su smartphone.

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