La tercera generación del KIA Ceed poco o nada tiene que ver con sus predecesores. Esta entrega ofrece un perfecto equilibrio entre confort, diseño, ergonomía y calidad, tanto de rodadura como general. Un modelo cuyas aspiraciones parecen no haber encontrado techo.

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Puede que el Sportage haya sido el modelo de más éxito y el responsable de llevar a KIA al estrellato. Sin embargo, si hay un vehículo que ha sabido ganarse el respeto tanto de la crítica como de sus competidores, ese ha sido el Ceed. Si echamos la vista atrás, ahora que está tan de moda eso del #10yearchallenge, vemos cómo hace una década el Ceed era un vehículo de escaso tirón, tanto comercial como emocional.

Un diseño sobrio unido a un habitáculo espartano y de calidad media tirando a baja, se contrarrestaban con un precio de derribo que, en muchos casos sí permitía a algunos conductores acceder al otrora segmento de moda. Por suerte, los tiempos cambian y KIA ha evolucionado de tal manera el Ceed que poco o nada tiene que ver con aquel compacto de finales de década… a excepción, como veremos más adelante, del precio.

Más que una evolución

La tercera generación del compacto coreano sí parece un producto por y para Europa (su predecesor ya ofrecía serios coletazos), circunstancia que se percibe desde su diseño hasta el tacto de sus materiales.

Visualmente, el nuevo Ceed entra por los ojos. Sin llegar a ofrecer un diseño extravagante, sabe plasmar a la perfección ese estilo impuesto por Peter Schreyer en todos sus productos, con un frontal afilado y presidido, como siempre, por el morro Tiger Nose. Las luces han aumentado su superficie al igual que la toma de aire inferior del parachoques.

El lateral es, quizá, la parte más sobria y formal, lo que no evita para que proponga cierto músculo gracias a la línea de cintura elevada o a unas llantas de 17 pulgadas. Por su parte, la zaga es el encargado de representar la transformación de sus trazos, los cuales han pasado de formas más redondeadas a otras más angulosas. A destacar la anchura de sus paragolpes y, sobre todo, el empleo de tela tecnología LED en los grupos ópticos traseros.

Pero lo más curioso es que todo ese empaque del que hace gala el Ceed, se presenta en un envoltorio que mantiene casi intactas sus dimensiones. Cierto es que rebaja su altura y amplía su anchura en 2 cm, 1,45 y 1,80 metros, respectivamente, pero deja intacta su cota de longitud en los 4,31 metros. Ahora bien, los voladizos delantero y trasero se acortan y alargan respectivamente en otros dos centímetros, logrado así es imagen poderosa y, de paso, un habitáculo más amplio.

Amplio

Porque aunque esta tercera entrega del KIA Ceed mantenga los 2,65 metros de batalla, su maletero pasa a ser ligeramente más grande. En concreto hablamos de una capacidad de 395 litros, 15 más que antes, los cuales se acompañan de unas formas cuadradas y muy regulares.

Si queremos gozar de un mayor hueco, basta con abatir los respaldos traseros (en proporción (40/60) y gozar, por un lado, de los 1.291 litros y, por otro, de un piso completamente plano que nos permite colocar objetos hasta de 1,40 metros.

Cierto es que la zona trasera podría haber evolucionado un poco más en términos de confort, pero aun así es perfectamente útil para transportar dos adultos de talla alta, resaltando el hueco resultante para la cabeza. En nuestro caso, con 1,79 metros de altura, disfrutábamos de 10 cm tanto para las piernas como para la cabeza. Los asientos son cómodos y sujetan de manera notable, aunque la anchura total limita el transporte de un adulto más.

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Excelente tacto

Delante, el equipo de diseñadores comandado por Schreyer ha optado por evitar complicaciones. Domina el orden y la racionalidad pero, sobre todo, destaca el magnífico tacto de sus materiales. Plásticos blandos y ajustes casi perfectos dan forma a un habitáculo conocido, pues hereda parte de su estructura del que ya se vio en el Rio.

La pantalla central está presidida por la pantalla táctil de 8 pulgadas, de excelente manejo y buena visibilidad. A través de ella podemos sincronizar el smartphone, bien vía Bluetooh o mediante Android Auto y Apple Car Play. También es posible conectarse a Internet a través de Wifi para disfrutar, entre otros, de la música en streaming y escucharla a través del sobresaliente equipo de sonido.

De un primer golpe predominan los comandos analógicos, pero es fácil hacerse a ellos rápidamente. También abundan los huecos portabojetos, destacando el doble vano para dejar la cartera y cargar el móvil de manera inalámbrica (siempre que posea dicha función).

Sin fisuras

No cabe duda, la tercera generación del Ceed destaca por su gran equilibrio, ya sea a nivel visual como en su manejo. En marcha, esta entrega parece haber madurado a la perfección. Se le percibe un calidad de rodadura excepcional, con apenas ruido mecánico ni aerodinámico, mientras que la estabilidad general ha subido varios puntos.

El empleo de una nueva plataforma le ha permitido ajustar a la perfección tanto suspensiones como dirección, consiguiendo un comportamiento bastante más preciso y refinado que su predecesor. Sin llegar a ser radical, los cambios de apoyo son suaves, con una carrocería que apenas emite balanceos y una pisada más contundente.

Para conseguir algo más de nervio, sobre todo mecánico, el Ceed estrena un nuevo selector de modos de conducción donde nos permite elegir entre Normal (por defecto) y Sport. Con este último, el bloque 1.4 T-GDI de 140 CV de nuestra prueba se vuelve más reactivo. Si en condiciones normales destaca por su progresividad, con el programa más picante ofrece una mayor ‘patada’ desde bajas revoluciones. La dirección también se nota algo más pesada, pero sin grandes florituras.

La elección acertada

Volviendo al propulsor, de este bloque de gasolina destacaríamos, de nuevo, su perfecto equilibrio entre prestaciones y confort. No le sobran las primeras, pues realiza el 0 a 100 km/h en 8,9 segundos, pero sí consigue ser un perfecto compañero de viaje. Como aliado, la caja de cambios de seis relaciones, con un excelente tacto del pomo que nos invitarían a juguetear con él sino fuera porque posee unas relaciones ligeramente largas, con el objetivo de priorizar el consumo.

Un gasto que es otro de sus puntos más favorables. Porque en los días de prueba, el dato registrado no superó los 6,6 l/100 km. Resulta excelente, más aún si tenemos en cuenta que el homologado se coloca en 5,9 y que el 1.0 T-GDI triclíndrico de 120 CV se mueve en una cifra parecida pero con el condicionante de sufrir un poco más en las aceleraciones.

Nuestro 1.4 T-GDI se muestra desahogado, con una buena capacidad de reacción desde las 1.500 vueltas (rango en el que entran los 242 Nm de par) y con un nivel sonoro casi imperceptible. Únicamente haciendo uso de una conducción más deportiva, veremos cómo el gasto total se incrementa en casi 1,5 litros.

Con descuentos es otra cosa

La unidad que ilustra estas líneas correspondía con el acabado más alto de gama, el Tech, a la espera de que llegue en breve el nivel GT Line, con aires más deportivos. Por ella, la marca coreana pide 23.900 € en combinación con este motor, una tarifa que resulta ser bastante accesible e incluso asequible.

Más aún si tenemos en cuenta que este Ceed suma, de serie, llantas de aleación de 17 pulgadas, retrovisores exteriores plegables, lunas traseras oscurecidas, pantalla táctil de 8 pulgadas con navegador y sincronización móvil, carga inalámbrica, sensores de aparcamiento traseros con cámara… Dejando como única opción la vistosísima pintura metalizada Blue Flame (519 €). Como decimos, una tarifa bastante razonable que se convierte en excelente si sumamos los 5.870 € de descuento que ofrece KIA logrando ese punto de unión con su primera generación, aquella que solo podía escudarse en un precio de derribo y que nos hace pensar en lo mucho y lo bien que ha cambiado este Ceed.

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