La última actualización del Mazda6 eleva a la berlina japonesa al estatus de berlina Premium. Diseño, calidad y un confort de marcha excelentes se dan cita en un modelo que ha dejado de ser un aspirante para convertirse en una auténtica amenaza para el resto.

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En esta década, el Mazda6 ha pasado de ser un producto más del montón, que buscaba desesperadamente acercarse a los grandes de la categoría (véase Volkswagen Passat, Renault Laguna o Citroën C5) para convertirse en el buque insignia y por qué no, en la berlina de representación de la firma japonesa.

Una transformación progresiva que se ha basado en la paciencia y en el saber hacer las cosas poco a poco que en los cambios radicales. Así es como hemos llegado al modelo que protagoniza estas líneas. Un vehículo que, más que ser nuevo del todo, vuelve a sufrir una profunda revisión de cara a estar vigente en los próximos años.

Elegante por naturaleza

No sé si alguna vez se ha planteado, pero al gurú que se le ocurrió el concepto diseño KODO merece un lugar destacado en el Olimpo del sector. Con una filosofía basada en la artesanía para crear líneas puras, Mazda ha conseguido imprimir una personalidad propia a sus nuevos productos.

El Mazda6 no es una excepción derrochando estilo y elegancia en cada línea. Derivado del concept Mazda Vision Coupé que recibió el galardón del Most Beautiful Concept Car of the Year, los 4,80 metros de la carrocería familiar (Wagon) que aquí nos ocupa entran por los ojos. Superficies fluidas y bien esculpidas integran nuevas soluciones de diseño como los faros delanteros Smart Full LED, tecnología que también se emplea para los antiniebla delanteros, paragolpes más voluminosos o salidas de escape más grande. No obstante, si tuviéramos que destacar una parte por encima del todo, sería la parrilla.

Con un marco cromado que se introduce directamente en los faros principales, el frontal del Mazda6 desprende elegancia y dinamismo. El inédito tramado de puntos recuerda al de algunos modelos de corte Premium generando sensación de profundidad consiguiendo además que el logo frontal destaque incluso más.

Calidad de matrícula

Si el exterior cautiva, el interior enamora. En contra de lo que suele pasar con los restyling, Mazda sí ha modificado en buena parte el habitáculo del Mazda6. El diseño japonés suele basarse en la simplicidad como parte de la sofisticación, hecho que se ha conseguido en este interior.

Si tuviéramos que catalogarlo con una palabra, esta sería calidad…, bueno y también confort. Porque más allá de que la consola central presente un aspecto minimalista, lo que más nos ha llamado la atención es la comodidad de sus butacas. Independientemente de cuál sea el asiento que ocupes, el viaje se convertirá en una oda al confort. Todas se amoldan perfectamente a nuestro cuerpo (incluyendo la central trasera, algo más dura y fina) gracias al relleno más grueso, mientras que las delanteras suman la función de ventilación para alcanzar ese grado Premium.

Unido a ellos, sobresale igualmente la elección de materiales para recubrir el salpicadero. Todos ofrecen un tacto blando y muy conseguido, mientras que los ajustes, por regla general, resultan casi perfectos. Encontramos alguna fisura en la zona del cuadro de instrumentos, pero de manera global, este Mazda6 poco o nada tiene que envidiar a los modelos de alto standing.

Si nos centramos en las novedades, vemos que estrena cuadro de instrumentos con pantalla TFT de 7 pulgadas a color. Igualmente, suma un Head-up Display que, ahora sí, se proyecta directamente sobre el parabrisas y no a través de una membrana retráctil. Ofrece un buen número de informaciones con un contraste excelente incluso en la menor intensidad. Por último, la pantalla central también es nueva. Pasa de 7 a 8 pulgadas y aunque mantiene ese menú sencillo o el dial giratorio colocado en el túnel central (se resisten a la tecnología táctil), ahora integra las funciones de sincronización móvil mediante Apple CarPlay o Android Auto.

Compañero de viaje

Como complemento perfecto a ese confort interno, el Mazda6 propone una comodidad en ruta muy superior a la de la media de su categoría, combinada a la perfección con una dinámica que sorprende, con una respuesta ágil y directa.

Para conseguirlo, los ingenieros nipones han revisado varios puntos de la carrocería y del chasis. Igualmente, la suspensión se ha recalibrado estrenando nuevos amortiguadores con un mayor grado de absorción de los baches, mientras que la dirección mantiene ese tacto preciso. La guinda la ponte un aislamiento acústico excelente que mitiga cualquier ruido externo gracias al sistema de cancelación del ruido que la marca ha ido implementando en sus últimos productos (también se ha aumentado el grosor de los materiales aislantes).

En marcha, se percibe un coche ágil y extremadamente confortable. Cierto es que a baja velocidad la carrocería parece moverse algo más de lo normal, pero en el momento en el que adquirimos velocidad el aplomo con el que se mueve es exquisito. Eso sí, echamos en falta que este Mazda6 pueda incorporar es un equipo de suspensiones adaptativas, que permita endurecer los amortiguadores cuando entramos en una zona virada con el objetivo de conseguir un grado más de estabilidad.

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El perfecto aliado

Mecánicamente, la oferta apenas ha variado y Mazda se ha limitado a mejorar los bloques ya existentes para adaptarlos a la normativa Euro 6d-Temp homologando sus consumos acorde al ciclo WLTP. De las cuatro opciones disponibles a elegir entre dos de gasolina y dos diésel, para esta prueba escogimos el gasóleo de mayor potencia.

Con una cilindrada de 2.2 litros, arquitectura de cuatro cilindros y turboalimentación, genera una potencia final de 184 CV. Gracias a la tecnología SKYACTIV, este bloque otorga lo que se espera de él: una respuesta viva y un consumo de combustible muy razonable. Cierto es que los 5,4 l/100 km que homologa quedan lejos, pero os 6,7 litros medidos en conducción real y por todo tipo de escenarios y orografías, nos dejaron con un buen sabor de boca.

También lo hizo su respuesta. Si bien se muestra algo perezoso por debajo de las 1.500 rpm, una vez alcanza el régimen óptimo, marcado a 2.000 rpm, los 445 Nm de par máximo resultan más que suficientes para mover los 1.714 kilos de esta berlina familiar. Otro de los puntos mejorables es quizá, su sonoridad, tanto en frío como en las fases acusadas de aceleración. Por suerte, la comentada labor realizada en materia de insonorización general evita que las filtraciones mecánicas sean más acusadas.

Junto a él, nuestro Mazda6 iba asociada la caja de cambios automática (también existe la alternativa de la manual de seis marchas). Del tipo convertidor de par, sus seis relaciones están bien escalonadas, mientras que su funcionamiento no reporta ninguna queja para realizar una conducción tranquila y sosegada. Quizá si demandamos algo más de deportividad resulte algo lenta en las reacciones, hecho que podremos compensar colocándola en posición secuencial y haciendo uso de las diminutas levas situadas tras el volante.

Demasiado Premium

De los tres niveles de equipamiento disponibles en la gama, el motor que aquí nos ocupa puede asociarse con los dos más completos: Zenith, el intermedio, y Signature, el tope de gama. Como ocurre tradicionalmente con las firmas niponas, dichos acabados suelen ofrecer un listado cerrado aunque bastante completo, evitando así que el usuario se rompa la cabeza a la hora de elegir opcionales.

En el caso de nuestra unidad, ataviada con el nivel Zenith, las únicas opciones disponibles son la pintura metalizada (520 €) o en su defecto la pintura de comunicación, este Red Soul tan llamativo cuyo precio es ligeramente más elevado (820 €), el techo solar eléctrico (520 €) o la tapicería de cuero, ya sea en color blanco o negro, combinada con el ajuste eléctrico con memoria, la calefacción y la ventilación de las butacas delanteras (1.900 €).

Todo lo demás viene de fábrica, es decir, las llantas de 19 pulgadas, faros Full LED adaptativos, pantalla digital en el cuadro de instrumentos, acceso y arranque sin llave, parabrisas calefactable, equipo de audio BOSE con 11 altavoces, navegador con pantalla de 8 pulgadas, Apple CarPlay o Android Auto, Head-up Display y la totalidad de asistentes a la conducción, que se engloban bajo el denominado paquete i-Activesense.

Todo ello, eso sí, por un precio algo elevado que se acerca más a las aspiraciones Premium de la propia marca que a un público generalista, pues los 42.145 € quizá resulten demasiados para un cliente medio.

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