Que el liviano cambio de su diseño no le confunda. La segunda generación del Mercedes-Benz Clase A evoluciona en todos los aspectos posibles para, ahora sí, ofrecer una luz propia que le permita mirar por encima del hombro a sus principales rivales.

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Hace siete años, el Clase A fue el encargado de iniciar la transformación de Mercedes-Benz. ¿Recuerda aquel eslogan “algo está pasando en Mercedes”?, pues el protagonista no era otro que el modelo alemán. Un modelo que cambió radicalmente de filosofía pasando de ser un anodino monovolumen compacto (el primero de su especie, eso sí) a todo un compacto capaz de rivalizar con los Audi A3 Sportback, BMW Serie 1 o Volvo V40, entre otros.

Con esa generación, la firma de la estrella pasó de no tener un representante en el segmento más demandado del mercado en aquel momento (los SUV no tenían aún el tirón actual) a vender unidades sin parar. Una tendencia que Mercedes-Benz pretende mantener, e incluso incrementar, con esta tercera generación.

Paso al frente

Una entrega que si bien parece no haber cambiado demasiado por lo continuista de su imagen (en la que entraremos más adelante porque en realidad sí que cambia), sí que ofrece un sentir completamente distinto al de su predecesor. Sigue siendo un compacto Premium, sí, pero ahora el Clase A parece haberse igualado a sus principales rivales en lo que a dinamismo se refiere.

Circunstancia que se percibe ya desde los primeros kilómetros. En carretera se le nota un coche más confortable, no solo por el buen tarado de su suspensión sino por el gran trabajo realizado en materia de insonorización, llegando incluso a situarse al nivel de hermanos mayores como el Clase E o, incluso, el Clase S.

Sin embargo, donde más nos demuestra este cambio es en carretera secundaria. El haber incrementado tanto su batalla como su ancho de vías (3 y 1,5 cm, respectivamente) se ha traducido en un aplomo infinitamente mayor al de su predecesor. Ahora, el Clase A sí puede ser considerado un coche divertido de conducir, con una dirección precisa y directa o un chasis bien ajustado consigue que nos olvidemos por fin de cualquier sigla SUV que se nos pase por la cabeza.

Un buen acceso

Una excelente puesta a punto dinámica que se acompaña de una gama mecánica completamente renovada. De las ocho opciones disponibles, nosotros hemos optado por escoger aquella que nos abre las puertas a la gama diésel: el 180 d. Una versión que está animada por el conocido (y evolucionado) bloque de 1.5 litros de origen Renault que entrega 116 CV a 4.000 rpm.

Sí, puede que muchos ya fueran consciente de ello, pero para quienes les pille de nuevas, les avisamos de que no deberían echarse las manos a la cabeza al conocer que su Clase A oculta bajo el capó un propulsor Renault. Desde 2010 ambas compañías llevan trabajando de manera conjunta, reportándoles muchos beneficios comerciales. Ahora bien, para quien siga alucinando, ha de saber que Mercedes-Benz realiza ciertas modificaciones a estos bloques para, de alguna manera, optimizarlos y transformarlos en productos propios.

Volviendo a lo que realmente nos interesa, pese a tratarse de la versión de acceso lo cierto es que este pequeño motor consigue mover el conjunto con una gran soltura. De hecho, la primera sensación que tenemos es la de estar manejando un motor muy enérgico. Pocas han  sido las arrancadas en las que el Clase A no haya ‘perdido rueda’ para, posteriormente, lanzarnos hacia delante con brío.

Un empuje que se mantiene constante hasta las 4.000 vueltas, momento en el que entran en juego sus 116 CV. Hasta entonces, son los 260 Nm de par los que nos mueven con soltura estando perfectamente gestionados por la caja de cambios automática de doble embrague y siete relaciones 7G-DCT. Una transmisión enfocada al ‘ruterismo’ más que a las prestaciones puras y duras, pues no solo cifra un 0 a 100 km/h de 10,5 segundos o una punta de 202 km/h, sino que en situaciones de fuerte deceleración y posterior aceleración surge cierto retardo. Para intentar mitigarlo podemos optar por dos opciones: activar los modos Sport o Sport+ o hacer uso de las levas situadas tras el volante (de tamaño algo reducido).

En lo que a consumo se refiere, los 4,2 l/100 km que homologa la marca resultan casi imposibles de conseguir, incluso con el modo más económico activado. Sin embargo, los 5,8 l/100 km conseguidos en nuestro trayecto nos dejan con buenas sensaciones, pudiendo ser incluso menos si limitamos nuestro rodar a vías rápidas. Lugar en el que, por cierto, este A 180 d cobra algo más de sentido, pues aunque muchos quieran defenestrarlo, el diésel sigue siendo la opción más acertada para aquellos usuarios que buscan devorar kilómetros de manera regular… y siempre ‘ataviados’ con la etiqueta C de la DGT.

¿Más de lo mismo?

Mencionar el atuendo nos permite volver a la estética donde, de primeras, el Clase A parece no haber evolucionado tanto. Sin embargo, a poco que prestemos más atención veremos cómo muchas de sus líneas han cambiado radicalmente. Empezando por el frontal, con unas luces más estilizadas y con tecnología LED, una parrilla más baja y ancha o un capó con más nervio y con una mayor inclinación. La zaga gana en volumen sin perder un ápice de elegancia, mientras que la línea lateral es la que menos alteración presenta al mostrarnos, incluso, unas llantas conocidas firmadas por AMG.

Con todo, hay que decir que esta nueva entrega del Clase A aumenta sus cotas. La longitud se incrementa en nada menos que 12 centímetros, hasta los 4,42 metros, mientras que se ganan 2 cm a lo ancho (1,80) y un centímetro a lo alto (1,44) para conseguir un conjunto mucho más agresivo y contundente que antes.

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¡Hey, Mercedes!

Frente al continuista exterior, el habitáculo se presenta completamente transformado y no solo a nivel estético, sino principalmente en el aspecto tecnológico. Pero antes de entrar en detalle en la revolución que ha supuesto el MBUX del Clase A, no podemos dejar pasar por alto el cambio que ha experimentado el puesto de conducción.

Los dibujantes alemanes han apostado, sin duda, por la digitalización y el compacto se presenta casi como un Clase S en miniatura. Parte de culpa la tiene, por un lado, el volante con comandos capacitivos y, por otro, la doble pantalla de 10,25 pulgadas que se extiende desde la zona central y hasta el cuadro de instrumentos. Un gadget que, eso sí, es opcional pues de serie vendrá con dos monitores de 7 pulgadas, reduciendo ligeramente el impacto visual inicial.

El resto de elementos también entrar por los ojos, desde los aireadores imitando las turbinas de un avión (herencia del Clase S Coupé) hasta el inédito touchpad central táctil (que por fin jubila al ya obsoleto mando giratorio) con el que podremos manejar el comentado sistema multimedia.

Ahora bien, dado que hacer uso tanto de dicha superficie como de los mandos situados en el volante supone apartar brevemente la vista de la carretera, el Clase A propone un nuevo y evolucionado asistente por voz el cual responde a las frase “¡Hey, Mercedes!” a la espera de que le demos la orden. Una función similar al ¡Oye, Siri! de Apple o al ¡ok, Google! de Google. Con él podremos cambiar de emisora (diciendo el nombre de la misma), activar el teléfono, sugerir que modifique la temperatura o que nos lleve hasta un restaurante cercano o un punto de interés.

Como detalle curioso, el sistema también responde a los derivados “¡Hey, Merche!” o simplemente “Mercedes/Merche” e incluso en algunas ocasiones interrumpe la conversación que podamos estar teniendo con nuestros acompañantes si surge un hey o un Mercedes en la misma. Con todo, hay que decir que el sistema no es infalible llegando a desesperarnos con algunas órdenes dada la incomprensión de la que hacía gala.

La guinda la pone, igualmente, un sistema de realidad aumentada para el sistema de navegación que, por desgracia no pudimos probar dado que nuestra unidad carecía de él; y sobre todo una mejora en la calidad general percibida. Suena contundente, pero ahora el Clase A sí puede mirar de tú a tú a los principales rivales del segmento ya que desprende una solidez en la fabricación muy por encima de lo que Mercedes-Benz nos tenía acostumbrados en este modelo.

Confortable, sin duda

Ya hemos hablado del confort de rodadura que atesora este Clase A, cualidad que perdería enteros si no viniera acompañado de un habitáculo amplio. El aumento de cotas en el exterior se completa con una batalla 3 cm superior a la de su antecesor (2,73 m) que redunda en un mayor espacio para los ocupantes traseros.

Sin ser aún de los mejores, un adulto de 1,80 metros gozará de 11 cm para las rodillas y 8 cm para la cabeza. La anchura y la altura también aumentan consiguiendo que esos dos pasajeros vayan de manera más holgada, muchísimo más que en su predecesor. En cambio, la plaza central es estrecha y rígida, siendo útil solo en circunstancias extremas o, mejor aún, en trayectos cortos.

Si echamos la vista un poco más atrás, el maletero cubica ahora 370 litros, o lo que es lo mismo, 29 litros más que antes situándole frente con frete a sus rivales directos. Volumen al que se une su forma bastante cuadrada muy aprovechable para colocar un buen número de maletas, mochilas u objetos.

Cuesta lo suyo

Una vez estamos llegando al final de este relato, toca hablar de una de las principales preocupaciones de los usuarios: el precio. Pese a ser el modelo más pequeño de Mercedes-Benz, el Clase A sigue portando la estrella en su frontal, lo cual implica que estamos ante un vehículo premium. Cierto es que los 32.700 € de los que parte este A 180d son asequibles… siempre y cuando lo dejes así.

No obstante, cuando comiences a sumar opcionales verás como los que monta nuestra unidad, la tarifa final se incrementará en nada menos que 9.746 €. Un aumento que se debe a la incorporación de elementos como el paquete de tapizado de cuero AMG (1.503 €), el paquete Premium (3.109 €), la línea AMG (1.222 €), el techo corredizo panorámico (1.240 €) que bien merecen su precio extra. Sin embargo, otros como el asiento del conductor con reglaje eléctrico y memoria (459 €), o del acompañante con las mismas características (381 €), la integración del móvil en el MBUX (332 €), el apoyo lumbar con cuatro vías de ajuste (205 €) o el sistema de control del ángulo muerto (598 €) bien podrían venir de serie, e incluso, formar parte de algún paquete. Porque este Clase A ofrece muchos más extras, los cuales, para enumerarlos necesitaríamos dedicar otro artículo aparte… tal y como ocurre con muchos de sus rivales directos.

Sea como fuere, con lo que nos quedamos de este Mercedes-Benz A 180d, es con el salto de calidad que ha dado la firma de la estrella con su compacto. Más vistoso, más grande, más tecnológico y, sobre todo, más dinámico y divertido de conducir son los adjetivos que bien le definen. El primer Clase A marcó el camino de la nueva Mercedes, mientras que esta segunda generación confirma que esta es la estrella que más brilla.

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