La berlina por antonomasia, el Passat, se actualiza con un sinfín de novedades técnicas y sumando a su gama una exclusiva versión R-Line Performance limitada a 60 unidades que nosotros hemos tenido el privilegio de probar.

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Hace tiempo que las berlinas dejaron no solo de dominar el mercado, sino incluso de representar ser el portaestandartes de sus respectivos fabricantes. Los SUV han podido con todo, incluso con este segmento que, hace años, definía el valor de una marca y que ahora sobrevive en parte gracias a las empresas de renting. Un mercado en el que existen opciones para todos los gustos y en el que siempre ha habido un modelo que ha sobresalido por encima del resto gracias a su perfecta combinación entre accesibilidad y calidad: el Volkswagen Passat.

Porque el Passat siempre se ha situado entre ese punto intermedio que decanta a las berlinas generalistas de las Premium y aunque en los últimos años ese círculo cada vez se ha estrechado más (de primeras se nos vienen a la mente modelos como el Skoda Superb, el Mazda6 o Opel Insignia o el Peugeot 508), el modelo alemán sigue siendo la referencia. Para volver a abrir dicha brecha, Volkswagen le ha sometido a la típica actualización de mitad de vida comercial correspondiente a su octava generación.

Ahora bien, si esperas una revolución estética, ve olvidándote porque como sabes una de las máximas de los fabricantes alemanes es “si algo funciona…”. Sin embargo, a poco que indaguemos en sus profundidades, veremos cómo el Passat sí se ha sometido a una profunda renovación.

Casi autónomo

El más representativo, antes de entrar de lleno en la versión probada, es su nivel de autonomía. No esperes poder leer el periódico u olvidarte de los atascos mañaneros, peor este nuevo Passat sí ha mejorado sustancialmente su ‘independencia’ gracias al sistema Travel Assist que se integra dentro de la tecnología IQ.DRIVE.

Gracias a la combinación del Lane Assist con el control de velocidad de crucero adaptativo predictivo, el Passat es capaz de desplazarse a cualquier velocidad y con cualquier configuración de caja de cambios sin que hagamos nada más que sujetar el volante. Porque el punto diferenciador lo otorga dicho elemento, al estrenar una función capacitiva (es el primer VW en montarlo) que alerta casi de inmediato cuando decidimos retirar las manos del mismo.

En el ámbito de la conectividad, tan de moda últimamente, también ha evolucionado gracias a la conexión permanente a Internet (es necesaria una tarjeta e-SIM) que nos abrirá las puertas a un sinfín de funciones: navegación y alertas en tiempo real, el WePark (pagar el aparcamiento sin necesidad de efectivo) o el We Deliver (el repartidor tendrá un código de un solo uso que le permitirá abrir el maletero de nuestro coche para meter el paquete que hayamos pedido).

La carrocería más práctica del Passat

Ni que decir tiene que el remozado Passat sigue ofertándose con sus tres carrocerías: berlina, Variant (familiar) y Alltrack (aventurera). Para esta prueba hemos optado por la segunda, dado que sigue siendo la más práctica de todas gracias a sus 650 litros de maletero (580 en la berlina) que puede ampliarse hasta los 1.780 litros si abatimos los respaldos de los asientos. Carrocería que vuelve una vez más a poner en entredicho la modularidad de los SUV, pues pocos son los todocaminos que de base ofrecen dicho volumen.

Y aunque quizá sea algo subjetivo, el diseño de este Passat Variant sigue siendo mucho más atractivo que el de cualquier SUV. A ello ayudan dos variables: por un lado la versión R-Line Performance que detallaremos un poco más adelante y, por otro, los comentados retoques estéticos que ha sufrido.

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Ya hemos avisado que estos últimos no son drásticos, pero sí sirven para aumentar la presencia del modelo. Nuevos paragolpes, calandra, juegos de llantas, colores de carrocería y, sobre todo, inéditos grupos ópticos elevan su distinción. Hablando de los faros, de serie equipan la tecnología LED aunque en opción se pueden mejorar añadiendo los IQ Light Matrix LED estrenados en el Touareg ofreciendo además una animación de bienvenida y despedida.

En el habitáculo se mantiene esa sutileza en las modificaciones que viene siempre unida a una calidad y una presentación excelentes. De hecho, lo primero que llama la atención de nuestros ojos es la desaparición del reloj central que presidía la consola en detrimento del botón del warning y del nombre del nombre del coche dando buena cuenta de su digitalización (nosotros preferíamos el reloj).

Bajo él se mantiene la pantalla central de 9,2 pulgadas (6,5 u 8 en función del acabado) que ha mejorado en lo que resolución se refiere y mantiene la función gestual. Junto a ella y ahora como estándar en el modelo, surge el Digital Cockpit de 10,25 pulgadas (antes de 12,3) que ha cambiado su presentación y ha mejorado sobremanera su manejo.

Nuevos tapizados o un sistema de iluminación ambiente con amplias opciones de personalización completan las novedades de un habitáculo que sigue destacando, como decimos, por su calidad de construcción y su amplitud, pues además de ofrecer unos asientos ultra confortables (merece la pena equipar los ergoComfort), la zona trasera es amplia como una limusina.

Exclusivo es poco

En lo referente al citado acabado R-Line Performance que envuelve a nuestra unidad, decir que es una edición especial limitada a 2.000 unidades para todo el mundo, 60 de las cuales van destinadas a nuestro mercado. Edición que a día de hoy no aparece en el configurador pero por la que Volkswagen pide casi 50.000 €.

Una tarifa que quizá eche a muchos compradores para atrás (la gama parte de los 32.000 €) pero que será ideal para aquellos que quieran una ‘montura’ resultona, equipada y con alma GTI. Me explico. A los detalles externos explicados, este Passat R-Line Performance suma una lucida tonalidad Gris Ceres, alerón posterior o llantas de aleación de 19 pulgadas lacadas en negro brillante, color que se emplea en las carcasas de los retrovisores, barras de techo, luces y calandra.

Dentro enfatiza ese carácter deportivo con unos asientos de corte deportivo tapizados en cuero Nappa, la pantalla central Discover Pro de 9,2 pulgadas con todos los servicios conectados, cuadro digita, pedales de aluminio…

Corre que vuelan

Si nos centramos ya en el apartado dinámico, la opción de escoger este acabado viene adherida únicamente a los motores más potentes: el 2.0 TDI de 240 CV y el 2.0 TSI de 272 CV, ambos acoplados a la tracción total 4Motion y a la transmisión automática DSG7 de siete relaciones. Puestos a ir a contracorriente, nuestra opción no fue sino el gasolina.

No hay Passat más potente actualmente que este que tenemos entre manos, y eso se deja notar en el primer acelerón. A falta de un Passat R, este R-Line Performance suma a la filosofía rutera y confort familiar un punto macarra que nos enamora. El motor suena a potente porque lo es y, además, corre.

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A las cifras me remito, primero, con un 0 a 100 km/h de 5,8 segundos o una punta de 250 km/h y, segundo, a las sensaciones que nos ha transmitido. Porque si en línea recta casi consigue que espalda y respaldo se fundan, en curva parece que estemos llevando un Golf GTI. Parte de culpa la tiene una dirección super precisa (solo tiene 2,1 vueltas entre topes) y una suspensión que ha sido rebajada para ganar firmeza. En opción cuenta con la más que recomendable suspensión adaptativa DCC que varía la dureza de los amortiguadores de manera progresiva en función del programa escogido.

Porque para aumentar la versatilidad del modelo, existen cinco programas que varían el nervio del Passat, desde el más eficiente, ECO, hasta el más confortable, Comfort, pasando por el más radical, Sport, sin obviar el Normal o el Individual. En el día a día nos decantaremos por los dos primeros, mientras que para afrontar una jornada de curvas será  indispensable activar el Sport y notar así esa mala leche.

Si queremos, el cuentavueltas digital llega a rozar las 7.000 vueltas lo cual no está nada mal para una berlina familiar. La caja de cambios se mantiene tan rápida como siempre y su modo manual secuencial nos brinda casi por completo el control permitiéndonos reducir una marcha y subir las revoluciones para tener así el máximo empuje. Y eso que este motor no anda sobrado de energía. Más allá de los 272 CV le acompañan unos más que efectivos 350 Nm de par máximo disponibles entre las 2.000 y las 5.400 vueltas.

Al mismo tiempo, la tracción total 4Motion consigue otorgarle ese extra de seguridad sobre todo en tramos más serpenteantes o sobre calzadas resbaladizas. Únicamente si le exprimimos al máximo notaremos cierta tendencia al subviraje pero dado que no está pensado para rodar en circuito, con lo que nos ofrece va más que sobrado.

Pero ojo, que si hay algo negativo que resaltar quizá sea el consumo. Sin preocupaciones y notando cómo el pie derecho pesa algo más de la cuenta es fácil que en zonas montañosas el valor sobrepase los 15,5 l/100 km. Antes de hacer saltar las alarmas hay que decir que para una conducción cotidiana, el gasto medio real ronda los 9,6 l/100 km, sumando además ese punto confortable que pocas berlinas pueden alcanzar.

En definitiva

Volkswagen ha conseguido lo que a priori parecía una quimera, mejorar un producto prácticamente perfecto con una edición tan exclusiva como cara y escasa. El Passat R-Line Performance de esta prueba es un capricho de esos que aparecen de vez en cuando pero que sirve para confirmar lo que en nuestro fuero interno ya sabíamos: hay vida más allá de los SUV.

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