Son dos de los modelos más incomprendidos y a la vez más emocionantes del momento. Probamos los Giulia y Stelvio Veloce asociados a sus motores más potentes para descubrir todas sus cualidades. Alerta spoiler, enganchan.

Curiosamente el conocer a los Alfa Romeo Giulia y Stelvio fue prácticamente de lo último que hicimos antes de que la situación sanitaria estallase. Hemos sido pacientes porque en aquel momento la primera sensación fue sobresaliente y ahora hemos vuelto a reunirlos en semanas separadas pero consecutivas. Tras la hedoprueba en profundidad solo podemos empezar por el final: concluyendo que son de las opciones más emocionantes de sus respectivos segmentos.

Una redondez que se completa con una actualización perfectamente ajustada en la que tanto Giulia como Stelvio estrenaron el tan llamativo acabado Veloce, protagonista de nuestras dos unidades y que se convierte en la perfecta antesala del Quadrifoglio. No en vano, emplea sus mismas llantas mientras que sus paragolpes son casi una inspiración del mismo. Las pinzas de freno pueden ir, como en el caso del Giulia, pintadas en rojo, aumentando el atractivo general.

Salto de calidad

Pero si hay una zona que destaca sobre el resto y que aglutina el mayor número de cambios ese es el interior. Lo más llamativo, sin duda, el montaje de un nuevo sistema multimedia que ahora sí les coloca en posición de rivalizar con quienes quieran. Más intuitivo, rápido pero sobre todo más moderno permitirá que su cliente no se sienta avergonzado como antaño. La pantalla de 8,8 pulgadas tiene un contraste excelente y está perfectamente integrada en el salpicadero.

De manejo táctil se puede emplear también el dial giratorio que, igualmente, ha sido modificado para la ocasión ganando en precisión. Los servicios conectados también han ido en aumento y no hablamos únicamente de Apple CarPlay o Android Auto, sino de funciones como el tráfico o el tiempo en momento actual.

La guinda, una calidad percibida que les hace subir varios escalones y posicionarse al mismo nivel de muchos modelos de Premium contra los que rivaliza y a quienes antes miraba con cierto recelo. Nos encantan la sujeción que ofrecen los asientos, el detalle patrio de la bandera en el pomo del cambio y, sobre todo, las levas fijas tras el volante. Realizadas en aluminio son un auténtica oda a la deportividad.

En lo que a espacio se refiere, quizá el Giulia siga pecando de ser algo más justo en rodillas y anchura, pero eso se subsana poniendo nuestros ojos en el Stelvio, más amplio y cómodo que su hermano, al que además le acompaña un maletero ligeramente más grande (525 frente a 480 litros) al que se accede mediante un portón de generosas dimensiones y no a través de una tapa.

Los más dinámicos

Porque si hay marcas en las que elegir entre una berlina y un SUV acaba por ser determinante, en el caso de estos Giulia y Stelvio la opción será siempre la acertada. No nos tiembla el pulso al decir que son dos de las opciones más dinámicas del mercado. En nuestro caso, la cabra tiraría al monte y elegiríamos sin dudarlo el Giulia (nuestras razones tenemos, espera) pero si necesitáramos más espacio no haríamos ascos a elegir el Stelvio, ni mucho menos.

Que el ganador fuera la berlina se debería, únicamente a la motorización que iba asociada: el gasolina 2.0 Turbo de cuatro cilindros con nada menos que 280 CV y 400 Nm que están sobresalientemente gestionados por la transmisión automática de ocho relaciones así como por la tracción total. Entiéndeme bien cuando te digo que con este motor no hace falta que pongas el foco sobre el Quadrifoglio.

Sí, la versión del trébol es el cáliz sagrado, la punta de lanza de la deportividad pero también es exigente, exagerado… Este 2.0 Turbo es perfecto para cualquier situación. Tan válido para el estresante día a día, ese en el que no quieres pensar en nada más que en ir a tu casa desde el trabajo, sin aspavientos, sin salidas de tono, sin descontrol, con el selector DNA en modo A o N (eficiente o Normal); pero tan emocionante como el propio el dela familia Fabaceae (Leguminosae) a poco que seleccionemos el modo D (el deportivo) y dejemos a nuestro sistema límbico que tome el control. Cautiva no solo el sonido sino también el empuje y, no me cansaré de repetirlo, el juego que dan las levas tras el volante. Nos hará sentirnos como Raikkonen o Giovinazzi en cualquier trazado del Gran Circo.

En el otro lado de la balanza está el Stelvio con su motor diésel de 210 CV asociado a la misma caja de cambios de ocho relaciones y a la tracción total. Tiene una filosofía mucho más rutera enfocada a cubrir largas distancias dado que conseguimos rebajar casi en 2 litros el gasto respeto al de 280 CV. Es un motor más notorio pero igual de deportivo gracias en parte a su potencial y, sobre todo, a los 470 Nm que genera desde tan solo las 1.750 vueltas. Quizá no sea tan refinado como el gasolina pero puede llegar a emocionar casi tanto como su hermano.

En definitiva

La decisión es complicada porque tanto Giulia como Stelvio son dos productos redondos que han mejorado las pocas debilidades que tenían. Su diseño se mantiene en el tiempo y ahora la calidad interior está a la altura de la marca que representan. El sistema multimedia es intuitivo y mucho más moderno pero lo que sobre todo les hace despuntar es su dinámica de conducción, muy por encima de la media. Elegir entre uno y otro no solo es un acto de confianza en el modelo, sino también de presupuesto. Dada la configuración mecánica de ambos nuestra opción está clara, ya lo sabes, más cuando además consigues ahorrarte 556 € (el Giulia Veloce de gasolina parte de los 57.519€ mientras que el Stelvio Veloce diésel hace lo propio desde 58.075 €). No es dinero, como diría aquel, pero todo suma.

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