Hyundai ha conseguido dar de lleno con la tecla del éxito. El nuevo Tucson no solo es atractivo y tiene una calidad elevadísima sino que la versión HEV (híbrida) eleva a la máxima expresión el concepto de eficiencia.

Cuando un coche está llamado a revolucionar, se nota. Eso es precisamente lo que ha hecho Hyundai con el Tucson que aquí hedoprobamos en su versión más representativa, la híbrida o HEV. Porque la cuarta generación del todocamino compacto coreano supone una revolución para la marca y, por lo visto hasta ahora, para el mercado. Hablamos del modelo más vendido en su segmento en lo que llevamos de año, hito que la firma no alcanzaba desde el ix35 y que ha conseguido gracias a varios ases que se ha guardado bajo la manga.

Nueva filosofía

El primero, sin duda, el diseño. Dado que es la primera variable de compra por el cliente, Hyundai ha sabido llegar a lo más profundo del mismo gracias, principalmente, a la filosofía de diseño Sensous Sportiness. La misma que también ha estrenado el nuevo i20 2020 pero que en este Tucson alcanza una nueva dimensión.

Dejando prácticamente intacto su tamaño (crece apenas 2 cm hasta los 4,50 metros) no tiene un solo rincón que no sea digno de ver. El protagonismo se lo reparten tanto el frontal como la zaga. El primero por brindarnos las denominadas ‘joyas paramétricas’, que no es otro que las formas de las luces diurnas en lo que parece una inserción dentro de la parrilla dando la sensación de ser una única forma cuando los grupos ópticos están encendidos.

La zaga, por su parte, no es menos aparente y aunque emplea una solución vista en muchos modelos, como es la tira LED que conecta ambos pilotos, sí sobresale por la forma de estos últimos dotándole de un aspecto inigualable e inconfundible. El logo de Hyundai se coloca directamente en un parabrisas más despejado gracias a que el limpia queda oculto en la zona del techo. Ya en su lateral, las llantas pueden ser hasta de 19 pulgadas mientras que la paleta de colores alcanza los nueve tonos, todas ellas combinables con el techo en negro.

El perfecto eslabón

Una silueta espectacular que ofrece continuidad en el habitáculo donde el protagonismo se lo reparten la parte digital y la calidad de construcción. Empezando por la segunda, llama poderosamente la atención cómo el Tucson se convierte, ahora sí, en el perfecto eslabón entre los modelos generalistas y los Premium, estando quizá más próximo a los últimos que a los primeros.

El empleo de materiales blandos y, sobre todo, la solución que se le ha dado a algunos elementos así nos lo indican. Nos referimos por ejemplo al sistema de climatización, el cual no propone salidas de aire convencionales sino que se ha colocado una única toma que recorre todo lo ancho del salpicadero que distribuye el caudal de aire de una manera más fluida y difuminada. Además, la botonera clásica se ha sustituido por comandos de corte táctil aunque su uso no resulta para nada complicado.

El remate, un ambiente completamente digitalizado que tiene como protagonistas las dos pantalla de 10,25 pulgadas que presiden el puesto de conducción. Tras el volante, con un diseño de cuatro radios similar al del i20, se visualiza un cuadro digital de perfecto visionado que puede configurarse en función del programa de conducción. Por su parte, el cerebro de operaciones no es otro que el monitor central perfectamente integrado en la consola que ofrece un manejo intuitivo y rápido a todos los menús que propone incluyendo, como no podía ser menos, el sistema multimedia BlueLink.

Del resto, lo más reseñable es que pese a crecer solo un centímetro en su batalla, la sensación de amplitud es altísima, sobre todo en las versiones con caja automática que suprimen el pomo y brindan un espacio diáfano entre los pasajeros. Detrás, el hueco resultante sigue siendo óptimo para que viajen dos adultos sin problemas en ninguna de las cotas, mientras que el maletero llega ahora a los 620 litros, situándose como una de las opciones más capaces de la categoría.

La opción… ¿más lógica?

En cuanto a sus motores, el Tucson se corona como uno de los máximos exponentes de la diversidad mecánica que propone Hyundai en su gama, donde cobra mucho peso la electrificación. Todos sus motores pueden ir dotados de algo de chispa, ya sea mediante hibridación ligera, hibridación convencional o hibridación enchufable.

En el caso de esta hedoprueba hemos escogido el Tucson HEV, con un sistema híbrido convencional que genera 230 CV fruto de combinar el motor de gasolina de 180 CV con otro eléctrico de 44,2 kW y con una batería de iones de litio de 1,49 kWh de capacidad. Por encima y como punta de lanza de la eficiencia se sitúa el Tucson PHEV de 265 CV, una batería de 13,8 kWh que le permitirá homologar una autonomía eléctrica de 50 kilómetros permitiéndole optar así por la etiqueta CERO.

No os voy a engañar, tenía ciertas reticencias a la hora de escoger este Tucson HEV porque veía poco lógica su elección teniendo en cuenta que otras lucen el sello ECO y resultan más baratas. Pero en la semana de convivencia no ha hecho sino sorprenderme cada vez que lo arrancaba. Desde la suavidad con la que se mueve hasta el escaso gasto obtenido.

Una opción muy a tener en cuenta si sabemos sacar todo el rendimiento del entramado eléctrico. No hay un botón EV per sé, pero el sistema es lo suficientemente inteligente para activar el motor que más convenga a nuestra conducción. Así, en zonas urbanas resulta increíble el uso que realiza del entramado eléctrico y hay infinidad de veces que nos movemos en modo 100% eléctrico, con total suavidad y sin consumir ni contaminar.

De hecho, resulta hasta excesivamente enérgico cuando demandamos potencia a baja velocidad, aceleramos y notamos cómo el coche se catapulta hacia delante. Hecho que notaremos sobre todo al activar el modo Sport. Con él los 230 CV están siempre a la espera de nuestras órdenes. Hablamos de una potencia elevada para circular por zonas interurbanas, pero perfecta para salir por autopista y carreteras secundarias. Eso sí, cuanto más abuses de todos estos factores, menos favorable será el consumo. Nosotros llegamos a medir de media 5,7 l/100 km que es un registro bajísimo para un coche de este tamaño y características.

Otro apartado que nos ha llamado la atención es lo bien que se mueve este Tucson 2021. Sigue siendo un SUV, sí, pero ha ganado en aplomo y contundencia. Todavía está un paso por detrás de los todocaminos más dinámicos, como el SEAT Ateca o el Ford Kuga pero el coreano ya está a rebufo. Una de las principales ventajas que tiene el Tucson es que consigue aunar de manera satisfactoria estas dos personalidades, brindándonos un conjunto de lo más equilibrado ofreciendo, además, la posibilidad de montar una suspensión controlada electrónicamente.

En conclusión

La cuarta generación del Tucson se coloca, junto con el Santa Fe, como el Hyundai más avanzado hasta la fecha. Así nos lo demuestra igualmente con su dotación de seguridad, de las más avanzadas de su segmento estrenando soluciones como el control de velocidad de crucero inteligente con función de curvas basándose en los datos de navegación, el monitor de ángulo muerto que se reproduce en las esferas del cuadro de instrumentos o el asistente de colisiones en cruces. Ahora bien, todas estas innovaciones y mejoras tienen un precio dejando a este Tucson 2021 con un valor de mercado ligeramente superior al de su predecesor.

Disponible en cuatro acabados la gama arranca en los 23.875 € aunque para esta versión HEV la cuenta ya sube hasta los 30.975 €, ambos con descuentos, ya que el primer nivel de acabado es el Maxx. En nuestro caso, el equipamiento se asociaba al que entendemos es la versión más equilibrada, el Tecno con prácticamente todo lo que uno pueda imaginar en uno de los todocaminos más modernos y atractivos que existen actualmente.

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