Poco a poco, Jeep va electrificando su gama de modelos. En el caso del Compass 4xe se convierte en la alternativa perfecta para realizar una conducción tan eficiente como aventurera.

Hay modelos que nacen con estrella (y no me refiero a determinada marca alemana) y otros a los que le cuesta hacerse un hueco en su respectivo segmento. Este es el caso del protagonista de esta hedoprueba: el Jeep Compass. Un modelo cuya proyección comercial en los albores de su venta era muy buena pero que por diferentes vicisitudes no supo llegar al corazón del público europeo.

Circunstancia esta incompresible dado su cúmulo de bondades, la mayoría de ellas enfocada al enorme potencial campero que atesoraba (y atesora), producto de la historia de la firma americana. Quizá por ello, Jeep se vio obligada a  tomarse una temporada sabática y paralizar la comercialización del que estaba destinado a convertirse en su modelo fetiche. Un parón que le ha sentado especialmente bien ya que le ha permitido estudiar mejor el mercado y, sobre todo, cambiar algunos de sus hábitos y características. El primero, su europeización pues junto con el Renegade es el único modelo de la marca de las siete barras que se fabrica fuera del continente americano, concretamente en la planta italiana de Melfi, reduciendo además considerablemente los tiempos de entrega a sus clientes.

El segundo, su electrificación. Jeep no es ajena al cambio de tendencia que está teniendo el mercado e incluso su modelo más auténtico, el Wrangler, cuenta ya con una versión híbrida enchufable denominada 4xe. Siglas que este Compass, junto con el Renegade, estrenaron a principios de año en lo que ha sido un auténtico giro a su concepción.

Y es que dichas siglas son las únicas que, hoy por hoy, le dotan de esa afamada tracción total, indispensable para aquellos conductores que se sientan en la necesidad de circular por fuera del asfalto. Pero además, son las que representan la mayor eficiencia del modelo pues no hay ni ha habido otro Compass más concienciado con el medio ambiente como este Compass 4xe.

Salto de calidad

Antes de entrar en lo referente al rendimiento, hay que destacar que otro de los puntos que le ha llevado a renacer de sus cenizas es la mejora en lo que a presencia y calidad se refiere. Lo primero que se observa es un diseño más sugerente. Sin modificar sus cotas, tiene una longitud de 4,40 metros por 1,87 de ancho y 1,65 de alto, mantiene sus formas cuadradas, típicas de un 4×4 pero con elementos que le aportan más estilo: faros delanteros Full LED, parrilla más elevada, paragolpes con mayor presencia o nuevas opciones de llantas y colores.

Es en el interior es donde más novedades apreciamos y donde los usuarios comprobarán ese salto de calidad mencionado. Jeep ofrece ahora la posibilidad de personalizarlo con varias combinaciones de materiales, texturas y colores, incluyendo tapicerías en piel Nappa, molduras en aluminio o con efecto fibra de carbono.  Igualmente, se observa un volante más elegante, con una zona central más definida y con menos comandos que antes. Tras él, un cuadro completamente digital de 10,25 pulgadas que mejora la visión de la información y propone un sinfín de pantallas que informan de manera detallada sobre todos los valores del coche.

Más digitalización: el nuevo monitor central de tipo flotante (antes estaba incrustado en el salpicadero) con 10,1 pulgadas que ha permitido ‘limpiar’ la parte central del salpicadero, sobre todo en lo relativo a la climatización. Integra el evolucionado sistema multimedia UConnect 5 basado en Android mucho más fluido e intuitivo. Propone total conectividad con los smartphone actuales (inalámbrica tanto para Apple CarPlay como Android Auto), control por voz a la orden de “Hey Jeep”, actualizaciones on-line y desde el nivel 80th Anniversary, navegador interactivo 3D TomTom.

No hay cambios en su habitabilidad, pues este todocamino se coloca como una de las alternativas más espaciosas de su categoría. Además, los diseñadores de interior de Jeep han sabido mantaner la capacidad de carga del maletero, punto crítico en los phev, ya que el Compass 4xe solo pierde 18 litros respecto al resto de la gama de combustión, alcanzando os 420 litros.

Mutiescenario

Desde su aparición, los 4xe se han posicionado en la cúspide de la gama en lo que a potencia y capacidades off-road se refiere. A escoger con 190 o 240 CV de potencia conjunta, son los únicos en ofertar tracción integral. Un sistema que da una vuelta de tuerca frente a Compass precedentes pues es el motor eléctrico de 60 CV y 250 Nm el encargado de dar motricidad al eje trasero, sin unión física con la transmisión delantera. Tal es así, que cuando elija el modo Electric (mediante un botón situado a la izquierda del volante), el Compass lo hará como un vehículo de propulsión. El rodar es sosegado y tranquilo, consecuencia de la contenida potencia generada. Si hablamos de autonomía eléctrica, los 50 km que homologa se acaban convirtiendo en 40 reales, un dato a destacar que nos permitirá rebajar considerablemente el consumo medio. La batería de 11,4 kWh además permite ser cargada en tomas de 7,4 kW lo que rebaja considerablemente el tiempo de espera pues en un enchufe de similar potencia podremos disponer de toda esta autonomía en menos de una hora y media.

Prima la eficiencia

El sentir varía ligeramente cuando esa energía se agota o cuando pasamos a conectar los modos Hybrid y Sport. En ambos, el 1.3 GSe Turbo de 130 CV (180 CV para el 4xe de 240 CV) adquiere presencia y aunque la cuenta conjunta alcanza los 190 CV comentados, la sensación general es la de ser excesivamente remolón en el arranque para, posteriormente, ganar en contundencia. Cifra un 0 a 100 km/h de 7,9 segundos, nada lento la verdad, pero la realidad es que lo que un usuario busca en un phev en general y en este Compass 4xe en general es la reducción del gasto. Todo sin obviar tener un producto totalmente solvente para la práctica del 4×4.

En este sentido, el Compass 4xe ‘de acceso’ cumple con buena nota. Con la carga a tope y empleando el modo Hybrid es sencillo moverse en medias cercanas a los 7 l/100 km. Alternando manualmente el modo Electric con el Hybrid podemos rebajarlo a los 5 l/100 km con facilidad. En el lado opuesto, agotar la carga por completo o conectar el modo e-Save (mantiene o recarga la batería en movimiento hasta el 80%) elevando el registro hasta los 9 l/100 km. En definitiva, la electrificación no ha hecho sino aumentar varios puntos su eficiencia tanto para rodar por ciudad como para salir al campo. Escenario, este último, en el que el Compass se mantiene en un escalón superior al resto de rivales por su excelente capacidad de tracción y los modos de conducción específicos. Quien necesite más puede optar por el Trailhawk (solo con el 240 CV).

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