MINI amplía la saga de modelos GP con un MINI GP que rompe esquemas. Es pintón estéticamente, atrevido internamente pero sobre todo exigente cuando decidimos arrancarlo. No es una prueba de estilo de vida al uso, es una oda a las sensaciones.

Es curioso lo mucho que cambia la vida. Hace unas semanas que teníamos entre manos el MINI más rápido de cuantos se han fabricado en toda la historia, el MINI Clubman John Cooper Works. Sin embargo, las sensaciones deportivas que nos transmitió, pese a ser buenas, no fueron suficientes para dejar huella en nuestra, quizá, exigente piel. Sin embargo, basta que cambies ligeramente tu montura y que añadas las siglas GP para que todas estas emociones florezcan cual primer día de primavera.

Este MINI GP (en realidad su nombre completo es MINI John Cooper Works GP) no es una montura cualquiera, sino que parece directamente sacada de cualquier Copa MINI que se precie. Sobre la carrocería de 3 puertas los ingenieros germano-británicos han modificado casi por completo su aerodinámica. Solo tienes que echar un ojo a su carrocería, con multitud de elementos pensados para mejorar el flujo de aire, todos ellos englobados bajo el denominado Kit de carrocería John Cooper Works GP.

De todos ellos, el más destacado es sin duda el alerón doble posterior colocado sobre el portón, pero tampoco desentonan, ni mucho menos, las llantas forjadas de 18 pulgadas, los paragolpes específicos (más anchos), los tonos en rojo Chili y rojo Rosso, la doble salida de escape colocada en zona central y, como guinda, las molduras realizadas en plástico reforzado con fibra de carbono de sus pasos de rueda y en la que está serigrafiado el emblema 1150. Porque si no lo sabes ya te lo digo yo: este MINI GP es un modelo limitado a 3.000 unidades para todo el mundo, de las cuales 100 corresponden en exclusiva para nuestro mercado.

Interior de competición

El acceso al habitáculo quizá te deje algo frío de inicio porque en esencia el puesto de conducción es idéntico al de cualquier MINI pero solo tendrás que echar la mirada hacia la derecha para empezar a ver las diferencias. Ahí verás cómo los asientos cambian su fisonomía y tienen un aspecto mucho más deportivo. Encajado en ellos compruebas el resto de distinciones. No hay botón de modos de conducción lo cual da muestras de su carácter, el cuadro es digital, idéntico al que estrenó el MINI Cooper SE, mientras que las levas cuentan con un diseño elegante gracias a su impresión en 3D, técnica que también se emplea para la moldura decorativa situada frente al copiloto y en la que está plasmada la palabra GP 2020.

Ahora bien, el punto determinante y diferenciador es, sin duda, su zona trasera. Porque este MINI GP es ¡biplaza! Sí, prescinde por completo de sus asientos traseros para aligerar el peso total. En su lugar se ha colocado una barra de refuerzo que tiene como objetivo aumentar la rigidez estructural y, por qué no, incrementar ligeramente la zona de carga.

Si bien a nivel estético este MINI GP llama poderosamente la atención no es hasta que lo arrancamos cuando notamos su talante. Desde el primer compás del cold start nos demuestra que es completamente diferente al Clubman JCW que probamos. La doble salida de escape tiene buena parte de culpa porque en esencia el bloque que incorpora es el mismo.

Hablamos del 2.0 Twin Turbo de cuatro cilindros que entrega nada menos que 306 CV de potencia entre las 5.000 y las 6.250 vueltas con 450 Nm de par máximo entre las 1.750 y las 4.500 rpm.  Un bloque delicioso que responde a las mil maravillas en cualquier régimen. Se le nota lleno en todo el rango de revoluciones, empujando con contundencia a bajo régimen y no dando muestras de desfallecimiento. Con todo, no es extraño que cifre un 0 a 100 km/h de tan solo 5,2 segundos. Dato que impresiona al ser tres décimas más lento que el del Clubman JCW, con 300 kilos más de peso. Ahora bien, donde despunta este MINI GP es en su velocidad máxima, marcada en 265 km/h, 15 km/h más que su hermano.

Máxima exigencia

Pero su objetivo no es el de sorprendernos con su velocidad en línea recta, que lo hace, sino de dejarnos con la boca abierta en un tramo sinuoso. Aviso a navegantes, hacen falta manos para domarlo. No es que sea un potro desbocado cual Mustang GT sin controles, pero a este MINI GP le gusta ir revolucionado. Pierde rueda a la mínima y si el terreno está húmedo o roto (imagina si encima combina ambos) deberás empezar a contravolantear para sujetarlo e impedir que se vaya hacia cualquiera de los dos lados de la carretera. El autoblocante situado en el eje delantero trabaja a destajo para dotarnos de la mayor tracción pero se nota que este MINI GP anda en el límite de lo permitido para un vehículo de tracción delantera.  

Una vez parece que se ha apaciguado, toca seguir con la clase de doma. De nuevo emito un aviso o más bien una recomendación: abstenerse todos aquellos que sufráis de espalda o de riñones. La suspensión es firme, más incluso que la de los primeros MINI resucitados. Entiéndeme, me gusta tanto como me desagrada. En conducción deportiva no aparece signo alguno de balanceo pero cuando lo usamos para rodar de manera más sosegada, puede llegar a ser tortuoso.

Sin embargo, “aquí hemos venido a jugar” como diría aquel y este MINI GP incita a jugar… y mucho. El chasis es exquisito. Reactivo, ágil y con la sensación de estar siempre guardándose un as en la manga. La dirección es precisa, tanto, que hay que evitar girar en exceso para no ‘enroscarnos’  en la curva, mientras que el freno tiene un tacto duro, al estilo de los modelos de competición que nos obliga a ser más contundentes para sentirlo. Ello no implica que no tengan mordida, todo lo contrario, pues los discos ventilados de 360 mm nos detienen con una facilidad tal que parecen ser incluso más potentes. Ahora bien, su gran virtud es que aguantan todo lo que se les eche y no dan síntoma alguno de fatiga.

La caja de cambios, por su parte, cuenta con una gestión diferente que le hace ser más incisiva aunque mi recomendación es ponerla en secuencial y echar mano de las excelentes y llamativas levas del cambio situadas tras el volante. Hay quien quizá eche en falta un cambio manual para aumentar las sensaciones pero también hay que pensar que no vamos a ir siempre de lado, ¿no?

En definitiva

Algo que será difícil de conseguir si activamos el modo GP (GP Mode) del control de estabilidad. Es el único parámetro que se puede incorporar en el coche. Pero ojo, si con el activado ya hay que tener un extra de concentración, imaginaos con él en modo latente o, incluso, desactivado. Si no eres experimentado, mejor déjalo para circuito porque al mínimo exceso de gas implicará que la zaga empiece a deslizar. Sea como fuere, quien vea este MINI GP como una versión de carreras de cualquier MINI JCW… ¡estará completamente en lo cierto! Olvídate de plantearlo como coche de a diario, a no ser que tu trabajo sea inspeccionar tramos de rally de asfalto. No es un coche para cualquiera, no busca serlo ni mucho menos. Y no lo digo por los 45.900 € que cuesta sino por lo exigente que es a la hora de conducirlo. Ojo, si buscas uno, lo siento, están todos vendidos. Quien haya optado por él se ha llevado, sin duda, uno de los hot-hach más divertidos y emocionantes de la última década (quizá el GR Yaris le planta cara). Es diferente, es único pero sobre todo, es puro, deportivo y radical.  

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